Este mes de febrero, Estefanía de Mónaco cumple 61 años. Casi nada queda hoy del icono fashion que en los ochenta y noventa acaparaba las portadas de las revistas del corazón más punteras. A veces por su carácter rebelde, el mismo que la llevó a colgar los libros enseguida, dejarse ver haciendo topless en la Costa Azul o probar suerte como diseñadora de bañadores y cantante pop. Otras veces, por sus numerosos escarceos sentimentales, una faceta en la que su hermana Carolina no le iba a la zaga. Entre sus conquistas se encuentran nombres como el de Paul Belmondo (que estuvo con ella cuando perdió de forma trágica a su madre Grace Kelly ), Anthony Delon (al que según la prensa engañó con con Alain Prost ), o Mario Oliver (aquel empresario de la noche de pasado turbio asesinado no hace mucho en su mansión). Ninguno de ellos le hacía demasiada gracia al Príncipe Rainiero , que tampoco lanzó fuegos artificiales cuando su hija se encaprichó de su guardaespaldas, Daniel Ducruet , un francés con reputación de vividor y pendenciero con quien rápidamente tuvo a su hijo Louis . El soberano, que no soportaba que su hija fuera madre soltera en un país confesionalmente católico y considerado conservador, acabó aprobando la boda de los tortolitos, celebrada discretamente en verano del 95, tras dar la bienvenida a su segunda hija, Pauline . Aunque al año siguiente ambos tomaron caminos separados, porque la prensa pilló a Ducruet siendo infiel con una morena bailarina de striptease que le tendió una trampa. Superado aquel gran desengaño, la pequeña de los Grimaldi se enamoró de su guardaespaldas Jean Raymond , con quien en 1998 tuvo a su hija Camille , y tras una efímera aventura con Richard Lucas , mayordomo del Palacio, mantuvo un mediático romance con Franco Knie , famoso domador de elefantes y propietario de un circo. Luego se hartó de recorrer media Europa en una caravana y rompió con Knie, pero no con ese mundo de las artes circenses que tanto gustaba a su progenitor. Prueba de ello es que estuvo brevemente casada con Adans Peres , un acróbata portugués, diez años más joven que ella, y al poco debutó como presidenta del Festival Internacional de Circo de Montecarlo. Adans ha sido la última pareja conocida de la princesa, quien se acabó instalando en un amplio ático de uno de los rascacielos de Mónaco, junto a su hija Camille. Tras morir Rainiero en 2005, la princesa heredó una gran fortuna y, desde que su hermano Alberto se casó con Charlene en 2011, fue apartándose de la agenda oficial de la Casa Real para entregarse a su labor solidaria. «No me adapto al rol de princesa, a tener que ir con un vestido maravilloso, a ese lado glamuroso de la monarquía», apuntó una vez. «Eso no es para mí. Yo soy una mujer como cualquier otra, lo único que hago es aprovechar mi notoriedad para cambiar las cosas, para ayudar. Pero no para que las cosas que hago me den notoriedad». Cabe destacar que Estefanía fundó en 2003 la asociación Femmes face au sida, creada para ayudar a las mujeres enfermas de sida, un año antes de asumir la presidencia de la fundación Fight Aids Monaco, para la que ha intentado obtener fondos organizando distintas galas benéficas, conciertos y subastas. «Cuando fui madre, me di cuenta de que había mucha gente que se contagiaba del VIH», dijo a 'Vanity Fair'. Desde entonces no se ha cortado en alzar la voz públicamente para criticar las posiciones de la Iglesia católica respecto al uso del preservativo o defender la presencia de animales en los circos. Tal es su pasión por las fieras que en sus ratos libres cuidaba de algunos elefantes que rescató del zoo y acogió en una finca de su familia en la montaña. En la actualidad disfruta de una existencia tranquila y relajada junto a sus hijos, que ya la convirtieron en abuela y además la adoran, y apenas mantiene contacto con su hermana Carolina, quien nunca estuvo de acuerdo con su forma de vida. Sobre esto último, cierta cronista especializada en casas reales charló con un camarero español del Sporting Club de Montecarlo que contaba que las hermanas se odiaban tanto que el personal debía avisar cuando estaba una u otra para que no compartieran instalaciones (¡y que Carolina no conocía a sus sobrinos!). Sería estupendo poder preguntar por ello a Estefanía. Claro que las princesas no suelen hablar de este tipo de intimidades. Y esta en concreto vive además bastante apartada de los focos y rara vez concede entrevistas. Aunque el pasado mes de junio hizo una excepción para charlar con la prestigiosa revista 'Point de Vue'. «Es hora de jubilarme. Me lo merezco. Tengo 60 años, siento que he dado suficiente y, sobre todo, he dicho todo lo que tenía que decir», comentó justo antes de añadir que lleva tiempo instruyendo a sus vástagos y que los tres están bien preparados para tomar el relevo en lo relativo a sus obras benéficas.