El Ejército de Tierra mueve ficha en la defensa del litoral: un cambio que altera el equilibrio naval
La defensa de las costas ha sido históricamente una misión esencial del Ministerio de Defensa de España, aunque en las últimas décadas esa capacidad se había apoyado casi en exclusiva en artillería convencional y sensores de vigilancia. Esa situación está a punto de cambiar con la incorporación de misiles antibuque costeros al potencial del Ejército de Tierra.
El núcleo actual de la Artillería de Costa se concentra en el Regimiento de Artillería de Costa número 4, con base en Cádiz. Allí se mantiene una combinación de piezas móviles de 155/52 mm, sistemas de observación y medios de mando que permiten cubrir amplios sectores del litoral. Sin embargo, el alcance y la capacidad de disuasión de estos medios resultan limitados frente a escenarios navales modernos.
Un giro estratégico en la defensa del litoral
El paso decisivo llega con la finalización del documento de Requisitos de Estado Mayor que define las características de los nuevos misiles superficie-superficie que se pretende incorporar. Este avance se enmarca dentro del concepto A2/AD (Anti Access/Area Denial), orientado a dificultar o impedir la aproximación de fuerzas hostiles a zonas sensibles.
La clave del nuevo sistema será su movilidad. Los lanzadores se instalarán sobre camiones, lo que permitirá desplegarlos en cualquier punto próximo a la costa y cambiar de posición con rapidez. Esta flexibilidad complica la detección y neutralización por parte de un adversario y multiplica el valor estratégico del sistema.
Alcance, furtividad y capacidad de disuasión
Los requisitos conocidos apuntan a misiles de largo alcance, con perfiles de vuelo rasantes y baja firma radar. El objetivo no es solo destruir un buque enemigo, sino disuadir su aproximación a aguas de interés estratégico, protegiendo accesos marítimos, puertos y líneas de comunicación.
En este contexto, cobra especial relevancia la posible adopción del misil noruego desarrollado por Kongsberg, el Naval Strike Missile, ya seleccionado por la Armada española. Su integración en baterías costeras permitiría una notable sinergia entre ejércitos y facilitaría el apoyo logístico y el entrenamiento conjunto.
Tres baterías para una cobertura eficaz
Los estudios internos contemplan la necesidad de al menos tres baterías completas para dotar al Ejército de Tierra de una capacidad considerada óptima. Cada batería estaría compuesta por cuatro lanzadores cuádruples, sistemas avanzados de mando y control, equipos de comunicaciones y radares de dirección de tiro.
El encuadramiento natural de estas unidades sería el RACTA 4, aunque no se descarta que parte del sistema pueda integrarse en otros regimientos del Mando de Artillería de Campaña. Esta distribución permitiría cubrir distintos escenarios geográficos con mayor rapidez.
Ventajas logísticas y sistemas comunes
La llegada del Sistema de Lanzacohetes de Campaña SILAM abre la puerta a compartir plataformas y vehículos, como camiones con cabina blindada y elementos de apoyo comunes. Esta homogeneización reduce costes, simplifica el mantenimiento y mejora la disponibilidad operativa de los nuevos misiles antibuque.
Además, el Ejército de Tierra ha aprobado un Documento de Necesidad Operativa para modernizar las direcciones de tiro móviles, actualmente basadas en sistemas con varias décadas de servicio. La previsión es mantener al menos cuatro direcciones operativas, integradas tanto con los misiles como con la artillería convencional.
Un refuerzo que va más allá del Ejército de Tierra
La incorporación de misiles antibuque costeros no solo refuerza la capacidad terrestre, sino que mejora el control del espacio marítimo en coordinación con la Armada y el Ejército del Aire y del Espacio. La posibilidad de compartir un mismo tipo de misil entre plataformas navales, aéreas y terrestres amplía las opciones tácticas y estratégicas.
Con este paso, España recupera una capacidad que había quedado en segundo plano y la adapta a los desafíos actuales. La defensa del litoral vuelve a situarse en el centro de la planificación militar, con sistemas móviles, modernos y preparados para un entorno cada vez más complejo.