En febrero de 2016, una confesión de
Larry Bird en ESPN heló la sangre de los aficionados: "Sé que los tíos de mi tamaño no viven mucho". La leyenda de los Celtics, preocupada por los fallecimientos prematuros de compañeros como
Moses Malone o
Darryl Dawkins, puso voz a una duda que sobrevolaba las canchas: ¿Es el cuerpo de un jugador de la
NBA una máquina perfecta o una bomba de relojería?
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