Era un día de fiesta en
Girona, pero terminó con una lección de realidad que está dando la vuelta al baloncesto nacional. El
Spar Girona, recién clasificado para la
Final Six de la
Euroliga y arrasando al
Estepona (88-62), vivió un momento de tensión insólito cuando su entrenador,
Roberto Íñiguez, se convirtió en el blanco de los silbidos de su propia afición.
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