Es paradójico o inverecundo o cínico subirse al púlpito de la moralidad cuando te han pillado ocultando la firma de un pintor como Rafael Zabaleta en la ilustración de portada de tu libro. Pero en un país que teniendo a Cervantes le pone el nombre de Almudena Grandes a su principal estación de trenes, todo es posible. Si además cabe la sospecha de que las mayores razones son ideológicas y no literarias, la decadencia es irremisible. Por eso el sectarismo de David Uclés, escritor incipiente que sólo ha hablado cuando se ha acomodado en la burguesía comercial de las grandes editoriales, no es lo más preocupante en la batalla contra las jornadas 'Letras en Sevilla' que organizan Arturo Pérez-Reverte y...
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