Fascistas y comunistas no se llevan tanto entre sí, son desviaciones divergentes del socialismo no democrático y en general nos toca padecerlos al mismo tiempo y con igual rigor. De hecho, Irene Montero acaba de hacer suyas las teorías ultraderechistas del gran reemplazo (para «barrer de fachas y racistas este país con gente migrante»). Aquí tenemos a la dirigente podemita comprando la terminología guerracivilista de Pablo Iglesias y abogando por una limpieza ideológica. Una oratoria de cobardes y arribistas que normalizan un marco mental aterrador y ya vivido, según el cual una parte de la población carece de prestigio vital y debe ser sustituida, diluida. Deben desaparecer con todo lo que tienen y todo lo que representan. Los soviéticos quisieron...
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