Barcelona celebra una tradición única en febrero: lo que hacen los vecinos sorprende
Lo que esconden los naranjos amargos de Barcelona
Barcelona alberga más de 2.500 ejemplares de naranjos amargos repartidos por calles, plazas y parques. Aunque su fruto no es comestible en crudo, sí tiene valor gastronómico en la elaboración de mermeladas o licores. Cada invierno, estos árboles desprenden cientos de kilos de naranjas que tradicionalmente se perdían, pudriéndose en el suelo o colapsando alcantarillas.
Desde 2019, la ciudad ha impulsado una práctica vecinal que transforma ese desperdicio en acción comunitaria: la recogida organizada de naranjas urbanas. El objetivo es doble: aprovechar un recurso desaprovechado y promover la cohesión social a través de actividades sostenibles.
Fechas, barrios y participación ciudadana
La edición de este año se celebra del 5 al 22 de febrero. Durante ese periodo, se han establecido jornadas de recolección en barrios como el Raval, Gràcia, Sants, el Gòtic o Sant Martí. La coordinación corre a cargo de entidades como Eixarcolant, que fomentan la soberanía alimentaria y el aprovechamiento de productos silvestres y urbanos.
Los participantes se inscriben previamente y reciben formación básica para garantizar una recolección segura, tanto para las personas como para los árboles. La actividad está abierta a todos los públicos y se ha consolidado como una práctica ecológica, educativa y lúdica.
¿Qué se hace con las naranjas recolectadas?
Una vez recogidas, las naranjas se entregan a diferentes proyectos comunitarios o se reparten entre los propios participantes. Algunas se destinan a talleres de cocina, donde se elaboran productos como mermeladas artesanales. Otras se emplean en actividades escolares para enseñar a los más jóvenes el valor de los recursos naturales urbanos.
En ediciones anteriores, iniciativas vecinales lograron recolectar cientos de kilos de frutas que de otro modo hubieran acabado como residuos urbanos. En este contexto, el proyecto ha recibido el apoyo de instituciones municipales y se ha integrado dentro de las estrategias de sostenibilidad urbana.
Una tradición con futuro y carácter replicable
La recogida de naranjas en Barcelona no solo es un gesto simbólico, sino un modelo de aprovechamiento inteligente de recursos urbanos. Su creciente éxito sugiere que podría replicarse en otras ciudades con vegetación similar, adaptando la logística a sus respectivas particularidades.
Además del valor medioambiental, esta acción potencia vínculos entre vecinos, refuerza el sentido de pertenencia y visibiliza el potencial productivo de los espacios públicos. En un contexto de emergencia climática y crisis alimentaria, iniciativas como esta adquieren aún más relevancia.
Barcelona como referente de innovación ciudadana
La capital catalana se posiciona así como ejemplo de cómo pequeñas acciones vecinales pueden escalar hacia políticas urbanas sostenibles. La recogida de naranjas es solo una entre muchas otras propuestas que demuestran que el tejido comunitario y la implicación ciudadana son piezas clave en la transformación de las ciudades.
Este febrero, las calles de Barcelona no solo huelen a cítrico: también respiran colaboración, ecología y futuro.