Cómo una jugadora de baloncesto se convirtió en la primera lanzadora de peso española en participar en unos Juegos Olímpicos
Con 23 títulos de campeona de España y 35 récords nacionales, la leonesa Margarita Ramos se convirtió en toda una leyenda tomando parte en la cita olímpica de 1992 en Barcelona
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La historia de Margarita Ramos Villar, nacida en Cea dentro de una familia de agricultores, es un relato de superación. Su inicio en el atletismo fue casi un accidente del destino ocurrido durante una competición escolar en 1979. Y es que, originalmente, Margarita no soñaba con ninguna disciplina del atletismo, sino que dedicaba su tiempo y energía al baloncesto escolar. La inscribieron en el lanzamiento de peso para rellenar el equipo, pero su inesperada victoria cambió su vida para siempre. Su transición definitiva se consolidó gracias a la relación que mantenía con otros atletas locales en tierras leonesas. Así nació la leyenda de la mujer que rompería las barreras del lanzamiento de peso en España.
Los inicios de Ramos en el deporte estuvieron marcados por la precariedad de medios y un ingenio asombroso para poder entrenar. Practicaba en pistas de ceniza que terminaban por teñir de negro su cuerpo tras cada una de las sesiones. Su entrenador diseñó un “carro de hierro” casero que ella arrastraba para recoger las bolas de peso lanzadas. Este artilugio le permitía realizar un volumen de lanzamientos muy superior al de cualquiera de sus competidoras. La falta de material era tal que llegó a compartir zapatillas con su gran rival deportiva, Enriqueta Díaz. Al ser una diestra y la otra zurda, se intercambiaban el calzado que no desgastaban para ahorrar recursos. Margarita utilizaba la zapatilla derecha de Enriqueta mientras le cedía a su compañera la del pie izquierdo. Estas anécdotas reflejan la dureza de una época donde el atletismo femenino español era aún algo heroico.
El palmarés de la leonesa es sencillamente impresionante, acumulando un total de 23 campeonatos de España en categoría absoluta. De estos títulos nacionales, doce fueron logrados al aire libre y once en competiciones celebradas bajo techo. Se convirtió en la gran referente de la “fábrica” de lanzadores que Carlos Burón impulsó con éxito en León. Su dominio fue absoluto durante diecinueve temporadas en activo, consolidándose como una figura imbatible en España. En 1988, Margarita logró establecer el récord nacional de su categoría, avisando de lo que estaba por venir. Su figura fue la punta de lanza de un proyecto que luego daría nombres como Manolo Martínez. Fue internacional en 53 ocasiones, llevando el nombre de su tierra por todos los rincones del mundo deportivo. Su constancia la situó en la historia, posición que asumió siempre con una sonrisa totalmente natural.
Al dar el salto a las competiciones internacionales, Margarita experimentó un choque cultural y físico de gran magnitud. Se encontró compitiendo contra lanzadoras soviéticas y alemanas que parecían gigantescas al lado de su propia figura. Recuerda sentirse muy pequeña frente a atletas como Stephanie Storp, que superaba los dos metros de estatura física. Sin embargo, su técnica depurada y su inquebrantable perseverancia le permitieron batir pronto el récord de España. Este hito ocurrió en Francia en 1986, con un lanzamiento de 14,84 metros que sorprendió a los presentes. Sus viajes la llevaron incluso a Japón para el Mundial de 1991.
Precisamente el año 1991 marcó un punto de inflexión en su trayectoria con la llegada de la inminente cita de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Tras años de esfuerzo en pistas de ceniza, Ramos demostraba que podía estar entre las mejores atletas del planeta. Lo logrado hasta esa fecha le proporcionó la confianza necesaria para afrontar el desafío olímpico más importante de su vida. El atletismo español empezaba a dejar de ser el “hermano pobre” del deporte gracias a actuaciones como la suya. Se preparó con ahínco en el CAR de Sant Cugat, viviendo días de gran nerviosismo antes de su confirmación oficial. La impaciencia por saber si sería olímpica marcó sus jornadas de entrenamiento previas a la histórica cita en la capital catalana.
Margarita tuvo el honor de ser una de las portadoras de la antorcha olímpica a su paso por León en julio. Ya en Barcelona, decidió no perderse la ceremonia de inauguración ante la duda de si volvería a vivir unos Juegos. Recuerda con gran emoción el largo paseo hacia el estadio de Montjuïc y el ambiente festivo de aquella noche. Uno de los momentos más divertidos fue cuando los atletas pidieron fotos al abanderado, el entonces Príncipe Felipe. Ramos destaca el encendido del pebetero por Antonio Rebollo como el instante más emocionante de todo el evento. En la Villa Olímpica, vivió situaciones curiosas como ver al Dream Team estadounidense desde su propia ventana. Incluso llegó a desayunar de forma totalmente casual con el actual rey de España en las instalaciones de la villa. Para ella, la cita olímpica de Barcelona representó la mejor experiencia profesional que ha tenido el privilegio de vivir jamás.
El 5 de agosto de 1992, Margarita entró al estadio para competir, enfrentándose a una sensación realmente abrumadora. No estaba acostumbrada a las multitudes, ya que el lanzamiento de peso solía tener poca repercusión en España. Al ver el estadio a rebosar y recibir una ovación atronadora, sus rodillas comenzaron a temblar de pura emoción. Logró el decimotercer puesto en la final con una marca de 16,82 metros, un hito para el atletismo femenino nacional. Se convirtió en la primera lanzadora de peso española de la historia en participar en unos Juegos Olímpicos. Su presencia ayudó a que la participación femenina española dejara de ser algo anecdótico.
Todo un referente
A finales de la década de los 90, la vida le puso por delante el obstáculo más difícil: un cáncer linfático. Lejos de rendirse, Margarita afrontó una palabra tan temida con una actitud vital y mirada positiva. Durante ese trance tan duro, se sintió profundamente arropada por el cariño y la cercanía de toda su gente. La enfermedad la obligó a realizar un parón, pero su espíritu de atleta la impulsó a regresar a la competición. Tras superarlo, volvió a lanzar, aunque reconoce que no logró alcanzar de nuevo su nivel previo al cáncer. Aun así, siguió obteniendo grandes marcas a nivel nacional, demostrando que su fuerza no era solo algo físico.
Hoy en día, Margarita Ramos es recordada como una de las mujeres referentes en la historia social de León. Su biografía forma parte de exposiciones que la sitúan junto a pioneras como Ángela Ruiz o Nieves G. Barrio. Su legado trasciende las medallas: es la historia de una mujer que conquistó el círculo de lanzamientos para siempre. Pasó de fabricar carros de hierro a ser un símbolo de la evolución del deporte femenino en toda España. Tras 19 temporadas en activo, Margarita decidió retirarse de la élite deportiva a la edad de 36 años. Sin embargo, nunca se alejó del mundo que tanto ama y que le dio sus mejores experiencias de vida. En 2002, comenzó a trabajar en la Escuela Deportiva del Ayuntamiento de León. Sigue siendo una mujer querida por su gente, llevando una vida con la misma naturalidad que en su etapa de gloria. Su trayectoria es la crónica de una lucha constante contra prohibiciones milenarias y carencias materiales graves.