Esta vez sin broncas, la comparecencia de Francisco Salazar en el Senado, en el marco de la comisión del caso Koldo, dejó titulares significativos: reconoció que recibió sobres de dinero, eso sí, contra factura; que nunca acosó a ninguna mujer , que nadie en el PSOE le pidió que dimitiera y que si abandonó sus cargos fue por su familia. La principal damnificada por su declaración fue la candidata socialista en Aragón, Pilar Alegría. Salazar desmintió que la exministra le reprochara sus comportamientos con ocasión de la comida que ambos compartieron cuando ya se conocían las denuncias por acoso sexual. Quizá la bondad con que Alegría trató a Salazar explique que el antiguo consultor de Pedro Sánchez haya asesorado en secreto a la candidata socialista en la campaña aragonesa. Las invectivas de una senadora del PSOE contra Salazar aumentaron ayer la incongruencia con el hecho de que el PSOE no le pidiera dimitir. Salazar es un signo de contradicción que el PSOE no es capaz de superar.