«El humor nunca dejó de existir»
—¿Existe alguna diferencia entre un actor dramático y un humorista?
—No existe diferencia. Un humorista ante todo es un actor. Quizá te inclines por un género y eso distinga tu trabajo. Yo le tengo terror a la comedia porque es muy difícil. Un género muy serio, que si no lo haces bien te conviertes en un astracán. Cuando se hace humor se debe hacer con el mismo rigor que si estuvieras haciendo Hamlet. Se debe estudiar y construir el personaje igual que si fuera un personaje trágico o dramático y sobre todo: cuando se hace humor, sino se divierte el actor es imposible que el público se divierta. Hay que disfrutar lo que estamos haciendo.
—¿Por qué decides incorporar el humor en tu trabajo teniendo en cuenta que para muchos es considerado un arte menor, de poca presencia?
—¡Error! Yo soy actor gracias al humor. Yo vivía en una barriada de La Habana Vieja, muy cerca del teatro Martí. El padre de un compañero de aula nos llevaba allí cuando estaba la compañía de Pous y Sanabria y aquel mundo me fascinó. Cuando con 12 o 13 años yo vi aquella parafernalia quedé cautivado. No estamos hablando de nada sencillo. El teatro vernáculo siempre fue de un desarrollo muy grande. Arquímedes Pous —según me contó Carlos Pous—, en la obra Su majestad el verano, llegó a poner una piscina en el Teatro Cubano, que estaba en lo que es hoy la Casa de la Música de La Habana, al lado del Teatro América. Enrique Arredondo hacía complejísimas cosas de efectos especiales en su compañía y decir que desde entonces no había humor con un riguroso trabajo actoral y de producción es negar parte muy importante de nuestra cultura nacional.
Teatro Martí de La Habana, construido en 1884, fue durante muchos años cuna de grandes espectáculos humorísticos.
«No solo había buen humor, también había muchos espacios donde disfrutarlo. Estaban las salas teatro de pequeño formato como Talía, Prometeo… el teatro Martí. Teníamos carpas como la de Infanta y San Rafael, donde ahora está La Pajarera. La Carpa de Avenida Acosta en la Víbora, además de los grupos itinerantes. En la televisión había un peso fortísimo del humor. Cuando aparece en los años 50 primero traslada a sus espacios muchos programas que se hacían en la radio como La tremenda corte, Chicharito y Sopeira, que llegan a la pequeña pantalla con el nombre de Garrido y Piñero (Alberto Garrido y Federico Piñero), para algunos especialistas la pareja más grande de gallego y negrito en Cuba. El horario de 8:30 p.m. a 9:00 p.m., en la televisión, siempre fue humorístico. Por ahí pasó Cascabeles Candado, La taberna de Pedro… y programas que llegaron a nuestros días como Detrás de la fachada, Casos y cosas de casa, San Nicolás del Peladero… Decir que no era importante el humor, desde esa época, es como tratar de tapar el Sol con un dedo».
—Dando un salto en el tiempo, ¿piensas que haya alguna relación entre esta etapa del humor en Cuba y la posterior creación del Centro Promotor del Humor?
—Pienso que sí. Es que el humor nunca dejó de existir y si bien muchos de estos espacios desaparecieron, el Teatro Musical de La Habana se encargó de mantener vivo el humor con importantísimas obras de Héctor Quintero como El premio flaco (1966), Los muñecones (1967), Los siete pecados capitales (1968), su versión de Los cuentos del Decamerón (1969), Mambrú se fue a la guerra (1970)… Además, en los grupos profesionales de teatro se hacía humor y se estrenaron importantes puestas de Jesús Gregorio Fernández y Nelson Dorr, entre otros grandes dramaturgos.
«En los años 70 hubo una depresión teatral considerable. Pienso que para el humor y para la cultura cubana la década del 80 fue importantísima. Como mismo apareció a finales de los 60 la Nueva Trova, en esos años 80 comenzó a surgir el Nuevo humor liderado por la creación del Conjunto Nacional de Espectáculos, dirigido por Alejandro García (Virulo). Para mí es él quien trae de vuelta, de manera contemporánea, actualizada, el teatro vernáculo con grandes espectáculos que trascendieron para la historia. De manera paralela, o influenciados por el CNE, comenzó a crearse una serie de grupos que proponían un humor elaborado, más inteligente como es el caso de La Seña del Humor de Matanzas, La Leña de Santa Clara, Nos y Otros, Salamanca, Onondivepa… Es entonces, a partir de ese humor de los años 80 y 90, que aparece felizmente el Centro Promotor del Humor, que empieza a regir a los humoristas en una línea verdaderamente cultural y estética. Como consecuencia de todo esto también aparece el 1er. Festival Nacional del Humor, Aquelarre, que lo considero un suceso cultural importantísimo».
(Fragmento de la entrevista realizada a Rolando Núñez, en 2014, para el proyecto de la serie audiovisual Vivir y morir de la risa).
Rolando Núñez Nario
Experimentado actor de teatro, cine y la televisión cubana. Nació en La Habana el 4 de diciembre de 1950.
Comenzó su carrera como artista aficionado en las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Allí recibió las primeras clases de actuación y luego se convirtió en instructor de arte.
En 1975 regresa como actor en el grupo de teatro político Bertolt Brecht, donde se desempeñó en múltiples proyectos. Estando allí le proponen interpretar un papel en la serie En silencio ha tenido que ser. Después trabajó en otras series policíacas, entre ellas: Juego en defensa propia, La frontera del deber, Día y noche y Su propia guerra. En esta última encarnó el singular personaje llamado Botaperro, que le valió para ganarse el cariño y aprecio del pueblo cubano.
En el cine se destacó por su participación en filmes como Gallego (1987), Demasiado miedo a la vida o Plaff (1987), Mujer transparente (1990) y Rosa, la china, en 2002. En la televisión resaltó por su trabajo en reconocidas telenovelas al estilo de Pasión y prejuicio (1992), Tierra brava (1997) y Polvo en el viento (2008). En 2007 forma parte del jurado del Premio Nacional del Humor.
Rolando Núñez fue un gran gestor cultural. Por su meritoria labor le fueron otorgados varios reconocimientos, entre ellos la condición Artista de Mérito de la Televisión Cubana. Muere en La Habana el 23 de noviembre de 2017. Se desempeñaba entonces como presidente de la Asociación de Artistas Escénicos de la Uneac.