Lookman devuelve la sonrisa al Atlético (0-5)
El Atlético de Madrid llega a las semifinales de la Copa liberándose de todos los complejos y de todos los traumas que arrastraba. El equipo que no sabía marcar más de un gol en un partido liquidó la eliminatoria con tres goles en la primera mitad y añadió dos más en la segunda. Como si no costara. Como si la presencia de Lookman en el campo hubiera desatado al Atlético de todas sus ataduras.
Julián Álvarez miraba en el banquillo la exhibición del nigeriano en el primer tramo de partido. Un solo hombre es capaz de devolver a un equipo su identidad y eso parece que hizo el nuevo delantero rojiblanco. El Atlético siempre fue un equipo que se sentía cómodo cuando estaba seguro atrás y podía correr al contraataque. Y con Lookmam tiene a ese velocista dispuesto a salir disparado en cuanto su equipo recupera la pelota.
Eso exactamente es lo que hizo para marcar el tercer gol de su equipo, el primero de los suyos con el Atlético. Echó a correr casi desde el borde de su área antes de que Griezmann le entregara la pelota con un taconazo. En el camino encontró a Barrios, un socio al que pasar el balón para poder correr más rápido. Sin darse cuenta casi estaba en el área para recibir la pelota del canterano. Después, el trabajo era suyo, un par de regates para buscar el hueco que le permitiera disparar antes de colocar la pelota junto al poste de Adrián.
Antes ya había intervenido en la jugada del segundo gol. Esta vez no se trataba de correr sino de asociarse y allí estaba él para juntarse con Baena y con Ruggeri. El pase del italiano lo fue a buscar Giuliano al primer palo después de una maniobra de distracción con la que recordó sus tiempos de delantero centro para empujar el gol.
Lookman se fue aplaudido por los aficionados del Atlético y por los del Betis que quedaban en La Cartuja cuando fue sustituido en el último tramo de partido. Era un reconocimiento a su buen debut, pero también a la exhibición de su equipo.
Por primera vez en mucho tiempo el Atlético pareció un equipo feliz. No el grupo pesado y taciturno que se había dejado ver en la segunda parte contra el Bodo Glimt y en el partido contra el Levante. Lookman le contagió su sonrisa y su alegría antes de marcharse para dejar sitio a Obed Vargas, otro de los debutantes.
Porque hubo tiempo para todo. Para que debutaran los tres fichajes, porque también se estrenó Mendoza en la segunda mitad. Para las sonrisas y para las lágrimas, porque Barrios, otra vez se marchó lesionado. Se echó la mano a la parte posterior del muslo derecho cuando empezaba a armar un contraataque. Y esta vez parece que la lesión es seria, una «pedrada» de la que le costará varias semanas recuperarse.
Simeone probó con Llorente después en el centro del campo y más tarde con Mendoza, como si estuviera haciendo ya la selección de personal para lo que viene. El partido daba para eso y para algo más. Tan grande era la superioridad del Atlético que podía permitirse cualquier ensayo.
Nada de eso hubiera resultado tan sencillo sin la colaboración de Adrián, el portero bético. El veterano guardameta falló en un córner, no vio la pelota después del remate de cabeza de Hancko y no pudo evitar que el Atlético se pusiera por delante.
Pero la sensación era que si no hubiera sido en ese momento podía haber sido en cualquier otro. Porque Lookman no juega solo. Koke y Barrios, dos de las certezas a las que se ha agarrado Simeone en este tiempo, armaban el juego del equipo como de costumbre y, además, Baena volvía a ser Baena, con su facilidad para ver el último pase y el penúltimo; Griezmann, el mejor socio para todos y Giuliano el que contagia al resto y además es capaz de llegar al gol.
Advertía Simeone hace unas semanas de que el gol no era sólo responsabilidad de los delanteros. Se sumaron los demás, pero también los de arriba, Lookman y Griezmann, que resolvió un mano a mano con Adrián de manera ejemplar. Tampoco Almada, otro capaz de sumar desde el banquillo, faltó a la fiesta. El argentino marcó el quinto. El Atlético recupera la sonrisa.