Ayer fue un gran día para
Fermín y, por extensión, para el Barça y para la Masia. Y es que el centrocampista de El Campillo (Huelva) estampó su firma en su nuevo contrato hasta 2031. La suya es la historia de un sueño cumplido que aún puede vivir muchos capítulos gloriosos pero que también ha estado jalonado de obstáculos. Porque si
Fermín se ha consolidado como profesional del Barça ha sido luchando contra situaciones adversas, momentos de ostracismo cuando era un niño, bajones anímicos y la inferioridad física que le provocaba un ritmo de crecimiento lento. Incluso tuvo que irse a Linares en una cesión que parecía la antesala de su salida del club. Pero cuando su cuerpo dio el estirón,
Fermín sacó todo el fútbol que lleva dentro.
Xavi primero y Flick después se lo reconocieron y su confianza en su calidad hizo el resto. Sus goles y asistencias han sido su mejor aval ante un Deco que le ha dado el premio que merecía en forma de nuevo contrato y un estatus que es una barrera ante otros clubs y un ejemplo para el fútbol base: quien vale y se lo curra, tiene futuro en el Barça.
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