La
agricultura en España atraviesa una etapa complicada. El impacto climático, las lluvias de las últimas borrascas,
el aumento de los costes de producción y la presión de unos precios en origen que a menudo no compensan el esfuerzo del productor. Si a eso se le suman
los retos de la competencia internacional y un marco regulatorio cada vez más exigente en sostenibilidad, el sector se ve entre las cuerdas.
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