Estamos ante un fallido sistema de infraestructuras y servicios básicos. Ante un Estado kárstico, al modo del paisaje geológico de Grazalema o la Subbética, repleto de cavidades por las que peligra la integridad más esencial. Ni malfarios ni casualidades. Ni conspiraciones ni ciberataques. Ni bulos ni casos extraños. Estamos ante los claros síntomas de unas costuras que se vienen rompiendo desde hace años, bajo el ruido de la propaganda, las cortinas de humo y el desapego de la sociedad civil. La espuma viral y la factoría de ficción. Pero sin visos de priorizar el problema. Vivimos con ira y anestesia una polarización ciega que impide ver el fondo de la cuestión guiados por el 'hooliganismo' de las redes sociales y...
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