Es imposible anticipar cuándo un fenómeno aparentemente inexplicable irrumpe en la vida cotidiana. No siempre sucede en castillos o palacios abandonados ni en edificios centenarios cargados de misterios o de leyendas; a veces ocurre en lugares funcionales, modernos y dedicados al cuidado de la salud. Ese es el caso del centro de salud Carlos Castilla del Pino, en Córdoba, un edificio inaugurado en el año 2013 que, desde hace años, acumula testimonios inquietantes por parte de sus propios trabajadores. El centro se levanta sobre el solar de la antigua residencia sanitaria Teniente Coronel Noreña , un complejo hospitalario que funcionó durante décadas y que fue demolido tras años de abandono. Aunque el nuevo edificio no conserva elementos visibles de su antecesor, sí parece haber heredado algo menos tangible: una sucesión de experiencias que muchos empleados califican como imposibles de explicar desde la lógica convencional. La residencia Noreña comenzó a funcionar en el año 1957 y durante años acogió pacientes quirúrgicos, enfermos en rehabilitación, neonatos, casos infecciosos y personal religioso que residía en sus plantas superiores. Era un espacio donde la enfermedad, la recuperación y, en algunos casos, la muerte formaban parte de la rutina diaria. Tras su cierre, el edificio permaneció vacío durante años, deteriorándose muy lentamente y generando rumores sobre extraños sucesos en su interior incluso antes de su demolición definitiva en el año 2004. Cuando el nuevo centro de salud Carlos Castilla del Pino abrió sus puertas, muchos pensaron que aquella etapa había quedado atrás. No obstante, poco tiempo después comenzaron a circular relatos entre el personal que devolvieron al lugar una reputación inquietante. Uno de los fenómenos más repetidos y reconocibles es la aparición de una figura infantil que se manifiesta en pasillos y zonas interiores del edificio, sobre todo fuera del horario de atención. Los testimonios coinciden en la descripción. Javier M. en este 2025, indica que su visión fue de una niña pequeña, de aspecto triste, que aparece de forma fugaz y cuya presencia va acompañada de una fuerte carga emocional. En los primeros años, algunos empleados hablaban de risas suaves o pasos que parecían invitar a seguirla. Con el tiempo, estos relatos evolucionaron hacia experiencias más intensas, en las que la figura infantil aparece llorando o en actitud triste. Javier nos indicó que él la escuchó diciendo «mamá» o «sácame de aquí». Lo que más inquieta a los testigos es la uniformidad de las descripciones, incluso entre personas que aseguran no haber escuchado previamente historias similares. Junto a la figura de la niña, numerosos trabajadores aseguran haber visto a una anciana que deambula lentamente por los pasillos cuando el centro está cerrado. A diferencia de la primera, esta aparición no busca interacción directa. Camina despacio, como si siguiera una rutina antigua, y suele desaparecer al llegar a determinadas zonas del edificio. Algunos empleados explican que, en un primer momento, pensaron que se trataba de una paciente desorientada. Una enfermera, en septiembre de este 2025, indicaba que la vio y que al intentar hablar con ella o acercarse, la figura se desvaneció, se quedó muy sorprendida. La experiencia suele ir acompañada de una sensación de frío y de una tristeza difícil de describir, según quienes la han vivido. Las experiencias no se limitan a apariciones visuales. Investigaciones realizadas en distintas etapas han registrado psicofonías, cambios bruscos de temperatura y alteraciones lumínicas . En nuestra investigación, junto a Javier Aradilla y José Luis García, en varias grabaciones realizadas en salas vacías detectamos voces, susurros o palabras claramente reconocibles, sin que hubiera nadie presente en el momento de la grabación También se han documentado sombras que cruzan pasillos, sensores que se activan sin causa aparente y descensos térmicos localizados que no coinciden con fallos del sistema de climatización. Aunque cada fenómeno, por separado, podría tener explicaciones técnicas o psicológicas, la reiteración y coincidencia con los testimonios humanos ha alimentado el debate. Pero a una cámara o una grabadora no se le miente… Más allá del misterio, los fenómenos han tenido una repercusión emocional real en parte del personal. Algunos empleados reconocen sentir ansiedad durante los turnos nocturnos, evitar ciertas zonas del edificio o modificar rutinas para no quedarse solos. En casos más extremos, se han solicitado cambios de turno o traslados a otros centros, alegando estrés acumulado. Muchos trabajadores admiten que lo más difícil no es la experiencia en sí, sino la sensación de no poder hablar abiertamente de ella por miedo a no ser tomados en serio, por ello que en muchos casos pidan confidencialidad en cuánto a sus datos. Esa mezcla de silencio, inquietud y convivencia diaria con lo inexplicable ha ido «cargando» el ambiente laboral del centro. Lejos de desaparecer, los testimonios se han multiplicado en los últimos años. En 2025, varios empleados comenzaron a hablar de la llamado «sala de las voces», una pequeña sala desde la que se escuchan susurros y palabras completas pese a estar vacía. Un enfermero relató que, al entrar pensando que alguien se había quedado encerrado, las voces «se callaron» y tuvo «la sensación de que hablaban sobre él». Ese mismo año surgió otro testimonio especialmente perturbador como fue la de un celador nocturno que aseguró haber visto a un «paciente transparente» acercarse lentamente y preguntarle: «¿Puedo irme ya?» , antes de desaparecer. La experiencia, según contó, le dejó una profunda sensación de angustia y de miedo. También se han registrado apariciones de una «sombra», visible solo a través de reflejos en pantallas de ordenador, situada justo detrás de los trabajadores mientras revisan historiales. Al girarse, no hay nadie. Puede tratarse de otra «cosa» pero el dato también queda ahí. La pregunta final sigue abierta y se repite como en otros muchos casos: ¿Se trata de sugestión colectiva, de un entorno cargado de historias que condiciona la percepción, o de un enclave con actividad paranormal persistente? Los expertos consultados, como Rafael de Alba, Pedro Amorós, Jesús García o Carlos García, coinciden en que no existe una respuesta definitiva. Sin embargo, destacan que la continuidad temporal de los testimonios, la coincidencia de descripciones y la aparición de fenómenos nuevos dificultan atribuirlo todo a la imaginación. El centro de salud Carlos Castilla del Pino continúa funcionando con normalidad, atendiendo a cientos de pacientes cada día. Pero cuando cae la noche y los pasillos quedan en silencio, para algunos trabajadores el edificio sigue siendo algo más que un lugar de trabajo: un espacio donde el pasado parece manifestarse y donde las preguntas superan, por ahora, a las respuestas. *Si ha tenido alguna experiencia paranormal, de cualquier tipo, no dude en comunicarse conmigo. Investigaré gratis su caso (como siempre lo hago) y trataré de ofrecerle respuestas: contacto@josemanuelgarciabautista.net