«Gento era el mejor extremo zurdo del mundo. Eso sí, cuando veo a Paco no le doy la mano, le doy un abrazo». Manuel Bueno Cabral , exfutbolista fallecido este sábado recién cumplidos los 86 años (el pasado 5 de febrero), nunca fue rencoroso. Todo lo contrario. Vistió la camiseta del Real Madrid en una de las mejores épocas del conjunto blanco (1959-1971) y, pese a hacerlo como eterno suplente, supo disfrutar del hecho de compartir vestuario con algunos de los más grandes jugadores del club y del fútbol universal. Manolín Bueno se entrenaba y se sentaba al lado de Di Stéfano, Puskas, Rial, Santamaría, Pachín , Amancio y, sobre todo, Gento , el hombre cuya veloz sombra fue muy alargada. Bajo ella se frenó la progresión deportiva de un joven nacido en Sevilla, pero criado en Cádiz, donde su padre fue jugador (portero), masajista y, por último, encargado general del Estadio Ramón de Carranza , lo que hizo que la familia Bueno-Cabral viviese dentro del estadio en una vivienda habilitada para el conserje, a la que accedía por la puerta de carros. En aquel ambiente balompédico, rodeado por los ídolos de la afición cadista, el joven Manolín comenzó a jugar al fútbol en serio con 13 años. Tras hacerlo en el Balón C.F. , rápidamente dio el salto al primer equipo gaditano. Nueve meses de escaparate con los amarillos le valieron para que el Real Madrid se fijase en él. Manolín Bueno llegó al Madrid en el mes de junio de 1959. «Demostró siempre que pudo su habilidad para el regate, su técnica en el control y facilidad para asistir a los compañeros. Durante 12 temporadas se ganó un hueco en la historia madridista y enamoró con su calidad a la afición. No jugó tanto como otras leyendas madridistas debido a que coincidió con el increíble Paco Gento», se lee en la biografía publicada por el propio Real Madrid. «El andaluz era el mejor recambio posible para las pocas ausencias de la Galerna del Cantábrico y las muestras de su clase se pudieron contemplar en más de 100 partidos oficiales, en los que marcó 27 goles. Llegó a nuestro club con sólo 19 años, un enorme futuro y el mejor profesor para hacer de él uno de los grandes extremos españoles de su tiempo». Fue convocado con la selección española en una ocasión, aunque no llegó a debutar, y en 1971, con 31 años, fichó por el Sevilla. En total, jugó 119 partidos oficiales vistiendo la camiseta blanca, marcó 27 goles y recolectó un envidiable palmarés: 2 Copas de Europa , 1 Intercontinental, 8 Ligas y 2 Copas . «La temporada de los 'yeyés' fue impresionante», recordaba Bueno a menudo. Y citaba los partidos de los jueves. Ese día se organizaba un partidillo en el que los menos habituales de la plantilla se enfrentaban a diferentes equipos. Era abierto al público, así que los espectadores acudían para conocer a los jugadores reservas o a los que menos actuaban. Hubo quien señaló que el club institucionalizó estos amistosos «para que jugase Manolín Bueno». Sea como fuere, en esas citas de los jueves destacaron el propio Manolín, Miche, Serena, Casado y otros eternos suplentes. Curiosamente, aquellos partidos tuvieron una gran aceptación entre los aficionados, pero acabaron suprimiéndolos porque, como relataba Manolín entre nostalgia e ironía «como metíamos tantos goles, ganábamos muchas primas».