El abandono definitivo del Barça a la Superliga no es solo el cierre de una etapa fallida, sino una decisión política. Aunque previsible, el anuncio tiene un enorme valor simbólico.
Joan Laporta rompe el último vínculo que unía al Barça con el Real Madrid de
Florentino y le permite escenificar un distanciamiento electoralmente buscado. La alianza tácita entre ambos clubes, ya debilitada por el caso
Negreira, queda liquidada. Y el momento elegido no es casual. A las puertas de las elecciones,
Laporta mueve ficha.
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