La pobreza no siempre se expresa en la exclusión más extrema ni en la ausencia total de ingresos. En Castilla-La Mancha, adopta con frecuencia una forma más discreta pero igualmente persistente: la de quienes llegan justos a fin de mes y viven sin margen para absorber cualquier contratiempo . Los datos de 2025 que ofrece EAPN en el avance del informe 'El estado de la pobreza' reflejan con claridad esa realidad cotidiana, marcada por renuncias, inseguridad económica y una sensación constante de vulnerabilidad. Uno de los indicadores que mejor ilustra esta situación es la imposibilidad de permitirse unas vacaciones fuera de casa. En Castilla-La Mancha, el 38,3% de la población no puede irse al menos una semana al año, un porcentaje que ha empeorado tres puntos respecto al año anterior y que se sitúa más de seis puntos por encima de la media nacional. Más allá del ocio, este dato revela la falta de capacidad económica para afrontar cualquier gasto que se salga de lo estrictamente imprescindible. La presión sobre la economía doméstica también se percibe en los problemas relacionados con la vivienda. En 2025, el 14,4% de los castellanomanchegos ha tenido retrasos en el pago de gastos vinculados al hogar o a compras a plazos, una cifra que vuelve a situarse por encima del conjunto del país. Mantener al día recibos, hipoteca, alquiler o suministros se convierte así en una dificultad recurrente para miles de familias. Otro dato significativo es el de quienes no pueden mantener la vivienda en condiciones adecuadas. Aunque el informe recoge este indicador a nivel nacional, donde afecta al 15,9% de la población, la situación en regiones con menor renta media, como Castilla-La Mancha, apunta a una especial incidencia del problema, especialmente durante los meses de invierno y en hogares con menos recursos. La carencia material y social se manifiesta también en aspectos menos visibles pero muy reveladores. Un porcentaje significativo de la población no puede sustituir muebles estropeados, renovar ropa deteriorada o disponer de dos pares de zapatos en buen estado. Son privaciones que no siempre se asocian a la pobreza en su forma más clásica, pero que afectan directamente a la dignidad y al bienestar de las personas. El informe elaborado por EAPN subraya que este tipo de carencias se concentran especialmente en hogares con menores a cargo, familias monoparentales y personas con empleos inestables o salarios bajos. Aunque estos datos no se detallan por comunidades autónomas en esta fase del informe, la estructura social y económica de Castilla-La Mancha sitúa a estos colectivos en una posición de especial vulnerabilidad. Frente a la imagen más extrema de la pobreza, los datos dibujan una realidad más amplia y silenciosa: la de quienes no están completamente excluidos, pero viven en una situación de fragilidad constante. Una pobreza cotidiana que no siempre se refleja en los grandes indicadores macroeconómicos, pero que condiciona decisiones, limita oportunidades y erosiona la calidad de vida. En Castilla-La Mancha, esta forma de pobreza sin margen sigue siendo una realidad persistente. No se mide solo en ingresos, sino en renuncias, inseguridad y falta de perspectivas. Una situación que, según reflejan los datos, continúa marcando el día a día de una parte muy significativa de la población.