Las tradiciones de un pueblo o una ciudad son el ejemplo vivo del conjunto de costumbres, ritos y celebraciones que se transmiten de generación en generación y marcan la identidad y pertenencia a ese lugar. La capital regional, Toledo, está llena de singularidades sociales, culturales y religiosas, y escondida en el pequeño barrio de San Antón se encuentra una de las prácticas más peculiares y única: la celebración y la procesión de la Virgen de la Candelaria . Su festividad se celebra el 2 de febrero , pero los vecinos de este barrio siempre la conmemoran el domingo próximo a la cita. Así, este 8 de febrero, decenas de ciudadanos del barrio de San Antón y alrededores, se han puesto sus mejores galas para acompañar y venerar a la Candelaria. Con gran ilusión y fervor, esperando la salida de la imagen de la Ermita de San Antón, sede de la Cofradía de la Virgen de la Candelaria y del Buen Alumbramiento, una de las camareras de esta Virgen, Milagros Mérida, explicaba a ABC que este día «es un acto de mucha fe para nosotras», porque la tradición cuenta que aquella mujer que quiere quedarse embarazada , «tienen que coger una de las cintas bendecidas que porta la Virgen y, además, llevarla a lo largo de la procesión». «Es la tradición más bonita que tenemos con la Virgen de la Candelaria. Que pase o no, eso ya no lo sabemos, pero la gente tiene mucha fe en ello y, de hecho, nos han contado muchas veces que es cierto. Vienen y nos dicen que no se quedaban embarazadas y que, al final, lo han conseguido. Nos lo dicen con toda la ilusión del mundo», relata con pasión. Además, si una mujer ya ha conseguido quedarse embarazada y se aventura un mal parto, esta misma tradición logra que vaya bien y sea bueno . «Es anecdótico, puede ser que sea algo psicológico, pero esto es así, nos lo cuentan», añade. De hecho, Sagrario, una vecina «de toda la vida» del barrio de San Antón, lleva 70 años acudiendo a la cita , inculcada por sus padres y abuelos. Ella ha llevado en muchas ocasiones a la Virgen de la Candelaria a hombros y, por supuesto, ha comprado las cintas bendecidas para sus hijas. «Es una tradición que protege el parto y que el bebé nazca sano. Es muy bonita y espero que se mantenga», ha deseado. La celebración comienza a las 11:00 horas con la procesión por las calles del barrio de San Antón. Por si fuera poco esa singularidad del embarazo, la Hermandad de la Virgen de la Candelaria y del Buen Alumbramiento es aún más única al ser la única de toda la capital que lleva a la Virgen exclusivamente por mujeres . Tras la procesión, de unos 25 minutos, se procede a la celebración de la misa en la Ermita del barrio y, después, el sacerdote pasa el manto a los bebés nacidos este año, dándoles además una medalla. Por último, se celebra una puja al final de la ceremonia. La gente lleva regalos de todo tipo, vino, perfumes o ropa, y las hermanas van pujando por un precio simbólico. La Cofradía de la Virgen de la Candelaria y Buen Alumbramiento, que está formada por 467 miembros, está trabajando por que estas tradiciones no se pierdan y por que los jóvenes den un paso al frente para mantenerlas. Mérida asegura que «nos lo estamos currando», y una de las medidas para conseguirlo ha sido pedir la colaboración de cofradías compuestas por gente joven. Claudia Paniagua, miembro de la Cofradía del Calvario , cuenta a este diario que la Junta de Hermandades de Gloria, «como había muchas hermandades que no tienen gente para sacar imágenes y no podían salir muchas procesiones», contactó con ellos para dar apoyo a aquellas cofradías que tuvieran falta de personal. Esta era la primera vez que ayudaban a la Virgen de la Candelaria, pero llevan ya un tiempo ayudando a otras como la Paz, el Ángel o la Virgen de la Cabeza. «Es muy bueno que las hermandades nos den la oportunidad a los jóvenes, porque podemos difundirlo y dar a conocer este tipo de celebraciones a través de las redes sociales o nuestros amigos. Podemos modernizar todo y está muy bien que haya hermandades que de verdad te dejen hacerlo», asegura. Sin embargo, Paniagua lamenta que haya muchas otras cofradías que se niegan a que les ayuden . «Hay muchas veces que no se prestan porque les da miedo el cambio de generación y el dejar de hacer las cosas como siempre se han hecho, cuando solo tratamos de ayudarles», ha concluido.