La masificación turística acaba con uno de los paisajes más fotografiados de Japón
Las autoridades de Fujiyoshida, una ciudad situada a los pies del monte Fuji, han decidido cancelar el festival de los cerezos de este año ante el creciente malestar vecinal provocado por el comportamiento de algunos turistas y el desbordamiento de visitantes durante la temporada de floración.
El evento, que se celebraba desde hace una década en el parque Arakurayama Sengen, nació con el objetivo de dinamizar la zona y atraer visitantes durante la primavera.
Con el paso de los años, la afluencia ha crecido hasta niveles que el propio ayuntamiento considera ya inmanejables para la vida cotidiana de la ciudad.
La cara menos idílica del turismo de primavera
Durante los picos de la temporada de sakura, hasta 10.000 personas al día llegaban a la localidad para fotografiar los cerezos con el monte Fuji como telón de fondo. Esta presión turística ha provocado atascos crónicos, problemas graves de basura y un aumento de los conflictos con los residentes, según reconocen las autoridades locales.
Las quejas vecinales incluyen desde intrusiones en propiedades privadas hasta comportamientos incívicos como el uso de jardines particulares como baños improvisados, la apertura de puertas sin permiso o enfrentamientos cuando los residentes reclamaban respeto.
El alcalde ha reconocido que la situación amenaza “la tranquilidad y la dignidad de la vida de los ciudadanos” y ha hablado de una “fuerte sensación de crisis”, agravada por la popularidad del lugar en redes sociales y el aumento del turismo internacional.
Antes de optar por la cancelación del festival, el consistorio intentó medidas de contención, como la instalación de carteles de advertencia o el bloqueo de algunos puntos especialmente concurridos para tomar fotografías. Ninguna de estas iniciativas logró frenar la avalancha de visitantes.
Pese a la suspensión del evento, la ciudad se prepara para recibir igualmente un gran número de turistas durante los meses de abril y mayo, coincidiendo con la floración de los cerezos.
El caso de Fujiyoshida se suma así a una tendencia creciente de destinos que buscan poner límites al turismo masivo para proteger la convivencia y el entorno local.