En España, cuando un problema es demasiado caro, demasiado incómodo o demasiado difícil la izquierda tiende a hacer lo más sensato: buscarle un nuevo nombre. Ahora, los sindicatos están muy enfadados con la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) por el informe sobre el coste de las bajas (16.500 millones en 2024). No es que las cifras sean erróneas sino que las conocieron al mismo tiempo que los periodistas, sin tiempo para estudiarlas y encontrar cómo echar abajo eso de que hace falta más control. Unai Sordo (CC.OO.) y Pepe Álvarez (UGT) lo niegan porque implica señalar como culpable al absentista, y ese es el trabajador. ¿Quién se cree Cristina Herrero, presidenta de la Airef, para actuar sin consultar con...
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