Hace un año, Ángel Escribano era el hombre del Gobierno. Su ascenso a la presidencia ejecutiva de Indra fue orquestado en Moncloa, apadrinado por Manuel de la Rocha y ejecutado con el visto bueno de la SEPI , que controla el 28% de la empresa. El objetivo era construir un 'campeón nacional' en defensa, un conglomerado doméstico blindado frente a las grandes multinacionales. La operación, de inspiración intervencionista, despreciaba la ortodoxia de la buena gobernanza en favor del control político. Pero Escribano tenía agenda propia. Tras fracasar en su intento de hacerse con Santa Bárbara –filial española de General Dynamics–, puso en marcha una operación aún más polémica: la compra de su empresa familiar, EM&E , por parte de Indra....
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