Trump estalla contra Bad Bunny en la Superbowl: "Nadie entiende lo que habla este tipo"
La Superbowl fue la Superbowl y Trump fue Donald Trump. Bad Bunny, con un mensaje elegante, desató la ira del presidente de Estados Unidos. El espectáculo del artista puertorriqueño (mucha parte en español) durante el intermedio del mayor evento deportivo del país no tardó en convertirse en un asunto político. La música duró quince minutos. La polémica, bastante más.
El enfado de Donald Trump
La reacción de Donald Trump fue furibunda. En los días previos había criticado a la NFL por elegir a Bad Bunny como protagonista del Halftime Show, cuestionando que ese perfil representara lo que, a su juicio, debía exhibir Estados Unidos ante el mundo.
Tras la actuación, el tono subió aún más. Trump calificó el show como “absolutamente terrible, ¡uno de los peores de la historia!”, una sentencia que condensaba su visión general del evento. Para él, no se trataba solo de gustos musicales. Era, según sus palabras, “una afrenta a la grandeza de Estados Unidos” que no cumplía “nuestros estándares de éxito, creatividad o excelencia”. La crítica apuntaba a algo más profundo que la escenografía o el repertorio: una idea concreta de país y de identidad nacional.
Uno de los ejes centrales de su ataque fue el idioma. Donald Trump insistió en que “nadie entiende ni una palabra de lo que dice este tipo”, señalando la actuación en español como una barrera cultural inaceptable para un evento de esa magnitud.
Bad Bunny, una bofetada a Estados Unidod
A eso añadió un reproche moral, al tildar las coreografías de “repugnantes” y expresar una preocupación explícita por el público infantil. El Halftime Show, remató, había sido “una bofetada en la cara para nuestro país”.
El presidente no se quedó ahí. Arremetió contra los medios de comunicación, a los que acusó de falta de criterio y de blanquear lo ocurrido con críticas positivas “falsas”. “No hay nada inspirador en este desastre”, dijo, convencido de que la prensa lo elogiaría únicamente por corrección política. Frente a ese “desastre”, contrapuso el récord de estándares que, según él, Estados Unidos establece cada día, reforzando la idea de que el espectáculo había traicionado una supuesta normalidad de excelencia.
El show de Bad Bunny
Sobre el césped del Levi’s Stadium, el mensaje fue radicalmente distinto. Bad Bunny transformó el escenario en un manifiesto cultural de la comunidad latina. La actuación fue histórica por una identidad caribeña asumida sin concesiones.
El artista se rodeó de figuras internacionales como Lady Gaga y Ricky Martin, reforzando una propuesta pensada como celebración y no como provocación. En uno de los momentos más comentados, lanzó una frase que funcionó como eslogan y como diagnóstico cultural: “Ahora todo el mundo quiere ser latino”.
Dios bendiga a América
El mensaje se amplió con un lema proyectado de forma literal: “Juntos somos América”. Para subrayarlo, Bad Bunny utilizó un balón con esa inscripción, insistiendo en que América es un concepto que trasciende las fronteras de Estados Unidos. El escenario se llenó de banderas de distintos países del continente, en un gesto de reconocimiento regional que contrastaba frontalmente con la lectura excluyente que hacía Trump desde sus redes.
En ese mismo hilo, el cantante reivindicó su nombre real, Benito Antonio Martínez Ocasio, como símbolo de autenticidad. Su discurso incluyó una oda al amor como la única fuerza capaz de vencer al odio y un mensaje directo de empoderamiento y autoestima dirigido a sus seguidores. “Si hoy estoy aquí en la Super Bowl es porque nunca, nunca he dejado de creer en mí y tú también deberías creer en ti, vales más de lo que piensas”, dijo, consciente de la dimensión del altavoz que tenía delante.
El cierre del show incorporó una frase cargada de significado político y cultural: “Dios bendiga a América”, como formulación inclusiva y diversa. La misma expresión, dos sentidos opuestos.