Se reparten el control de Freixenet, pero solo uno se queda al frente
Una reconfiguración familiar tras el adiós del patriarca
Freixenet, una de las firmas más emblemáticas del sector vitivinícola español, vive un momento decisivo. Tras el fallecimiento de Josep Ferrer Sala, figura clave del grupo y símbolo de su expansión internacional, su familia ha realizado un reparto de acciones que marca el inicio de una nueva etapa.
Los cuatro hijos del empresario y su viuda han acordado distribuirse el 42,5% de participación que conservaba Ferrer Sala, poniendo fin al control concentrado que este mantenía en el grupo desde hace décadas.
¿Cómo queda el reparto del capital?
Según la información publicada por elEconomista, la redistribución se ha llevado a cabo entre su esposa y sus hijos Josep, Eudald, Jon y Lluís Ferrer, todos vinculados en mayor o menor medida al negocio familiar. Cada uno de ellos ha pasado a ostentar el 8,5% de las acciones, mientras que la viuda ha asumido también otro 8,5%.
Este movimiento no solo equilibra las posiciones accionariales dentro de la familia, sino que también fortalece la estructura frente al accionista mayoritario, el grupo alemán Henkell Freixenet, que posee el 50,7% del capital desde su entrada en 2018.
Un único heredero operativo
De los cuatro hijos, solo uno mantiene un cargo ejecutivo en la compañía. Se trata de Josep Ferrer Noguer, quien permanece en el consejo de administración y actúa como la cara visible del legado familiar dentro de la dirección actual.
El resto de hermanos ha optado por posiciones más discretas, sin vinculación directa a la operativa diaria, aunque el reparto les otorga voz y voto en decisiones clave sobre el rumbo de Freixenet.
Impacto en la gobernanza y en el futuro del grupo
Este cambio puede tener consecuencias relevantes en la estrategia del grupo, especialmente en un contexto de fuerte internacionalización y consolidación bajo la alianza con Henkell. Con la familia Ferrer ahora fragmentada en sus cuotas pero aún relevante en términos de capital, el modelo de gobernanza podría evolucionar hacia una mayor cooperación o bien hacia eventuales disensiones.
Por el momento, la empresa mantiene su sede en Sant Sadurní d'Anoia (Barcelona) y continúa con su enfoque en mercados exteriores, donde concentra más del 80% de sus ventas.
El legado de Josep Ferrer y su influencia actual
Josep Ferrer Sala fue una figura determinante en la modernización de Freixenet. Bajo su liderazgo, la compañía pasó de ser una bodega nacional a consolidarse como el mayor exportador mundial de cava. También fue presidente de Fira de Barcelona y vicepresidente de la Cámara de Comercio de España, dejando huella más allá del ámbito empresarial.
Su influencia, sin embargo, seguirá presente: no solo por el peso que aún conserva su familia en el capital social, sino por las bases estratégicas que dejó asentadas durante más de 40 años al frente del grupo.
Una transición que preserva la marca
Aunque el control ya no está concentrado en una sola persona, el reparto busca preservar la identidad y los valores que han hecho de Freixenet un referente internacional. La sintonía entre los miembros de la familia y el grupo Henkell será clave para definir los próximos pasos.
Con un nuevo equilibrio interno, Freixenet afronta su futuro sin romper con su pasado, pero abriendo la puerta a una etapa en la que la gestión compartida y el diálogo serán más necesarios que nunca.