Una cadena de decisiones tomadas con buena intención ha desencadenado efectos inesperados, en términos medioambientales, para los Estados Unidos. Todo empezó en los años 60 y 70, cuando la
carpa asiática se introdujo deliberadamente en el país. No llegó como una plaga, sino como una herramienta que se utilizaba en piscifactorías y plantas de tratamiento para
controlar algas y mejorar la calidad del agua. Seguir leyendo...