El PP le tiende la alfombra a Vox «para gobernar»
Bien podría valer el refranero. Con un matiz en el sujeto. Quedaría así: «Si no puedes con tu rival, únete a él». Aclara el equipo de Alberto Núñez Feijóo: «Vox es un rival, porque tiene votos que queremos nosotros. Pero el enemigo es Pedro Sánchez». Y conviene no confundir. Porque, según coinciden algunos sectores de la dirigencia del partido, lo que persigue con su estrategia Santiago Abascal es enemistar a los votantes con el sistema, en el que equipara, igual por igual, al PSOE con el PP. Y dos no se pelean si uno no quiere.
Por eso ayer, un día después de la amarga victoria de Jorge Azcón en Aragón –por la pérdida de dos escaños en detrimento de Vox–, lo primero que hizo el presidente nacional del PP fue ponerle la alfombra a su rival por la derecha para armar un frente común. «La mayoría tiene que entenderse con responsabilidad», como una de las frases estelares de su intervención en la Junta Directiva Nacional, que se reunió en Génova 13.
En realidad, el debate sobre la idoneidad de que Vox vuelva a pisar moqueta se abrió hace mes y medio, con Extremadura. Los cuadros populares asumieron que, si la ruptura de los gobiernos autonómicos fue su mayor acierto estratégico, igual tocaba desandar lo caminado. A pesar de las contradicciones, porque en el último Congreso Nacional del partido Feijóo prometió que ofrecerá a España un gobierno en solitario.
Apenas unos meses después, María Guardiola no se lo pensó dos veces y puso encima de la mesa una coalición. Y Azcón, con toda seguridad, hará lo propio. Con el beneplácito de Génova, que después de dos autonómicas seguidas en las que el desenlace ha sido pintiparado –con la salvedad no menor de que Guardiola subió y Azcón bajó– se hace cargo de la nueva realidad política que han arrojado las urnas en dos puntos de la geografía española. «Vox es un rival, pero tenemos que buscar soluciones para gobernar».
Conscientes de que el siguiente examen, Castilla y León, puede ser más de lo mismo, el PP empieza a vender como éxito la subida del bloque «antisanchista». Dentro del partido hay quien disiente con esa teoría. «No somos un bloque, porque Vox está para sustituir al PP. Odian al PP igual que odian al PSOE. Nunca van a querer ayudarnos, sólo si tienen beneficio», opina un destacado diputado.
Todos los mandos consultados por este diario echan un capote a la dirección nacional y señalan que «es complicado» acertar con Vox. La propia Isabel Díaz Ayuso lo reconoció ayer en su intervención, a puerta cerrada, ante la plana mayor del PP. «Vox nos lo pone muy difícil y hay que dar la batalla», vino a decir en los diez minutos que tomó la palabra, según varios testigos allí presentes. Se explayó en cargar contra Pedro Sánchez e hizo alusión al escándalo de presunto acoso que salpica al alcalde de Móstoles.
Las fuentes consultadas por LA RAZÓN aseguran que ni en la forma ni en el fondo de su discurso hubo algún dardo o reproche a Feijóo. Más bien, lo contrario. Prietas las filas. Otro barón que también intervino fue Alfonso Fernández Mañueco.
Sin caer en la autoflagelación después de sumar otra victoria –porque la verdad, machadiana, es la que es–, el PP inició en la misma noche del domingo el debate estratégico sobre qué hacer y qué no hacer con Vox. Para empezar, hay quien pide huir de la imitación. «Quién sabe si Azcón perdió los dos escaños el último día de campaña, cuando llevó a Vito Quiles. Lo mismo el trasvase de la izquierda hubiera sido mayor». Para seguir, coinciden distintas sensibilidades del partido, es un error «entrar en sus marcos».
Porque, en los terrenos de Vox, siempre tienen la de ganar: «Si hablas de inmigración, la valla más alta siempre va a ser la de Vox». Y, para terminar, la senda marcada ayer por Feijóo: invitarlos a formar parte del sistema. Como pasó con Ciudadanos. O con Podemos.
Ayer habló donde Alsina –Más de Uno, Onda Cero– el presidente en funciones de Aragón. Reconoció que su resultado «no es redondo» y culpó de la subida de Vox a la «polarización» de Sánchez. Se desentendió del cameo estelar de Vito Quiles y, lo mollar, desveló su hoja de ruta: una ronda de contactos en la que, en verdad, sólo importa un partido: Vox, con el que se tendrá que entender para ser reelegido y poder dar estabilidad a la región. La máxima: «Ni va a ser la posición de un partido político ni la del otro, sino el lugar en el que nos podamos encontrar porque Vox no puede pretender que su programa electoral sea aceptado por el PP porque no lo vamos a hacer. Como tampoco espero que Vox acepte mi programa electoral desde la A hasta la Z». El acuerdo llegará justamente entre dos puntos, justamente en la mitad. Tal y como después reclamó Feijóo.
En el discurso ante los cuadros populares, el presidente nacional del PP dejó entrever que ha llegado la hora de entablar una nueva relación con Vox. Por lo que toca «hacer las cosas diferentes» a como se hicieron en el pasado. Ergo: «No repetir los errores de 2023». Y puso sus condiciones: «Respeto a nuestros votantes, que son la mayoría y los que han ganado». A la euforia de un perdedor que escenifica haber sido el ganador, un recordatorio: «No confundan un buen resultado con ser terceros, no confundan los adversarios y no confundan las prioridades».
Porque una cosa es pactar y otra, tragar. «No somos lo mismo, no nos vamos a poner de acuerdo en todo, pero seguro que hay puntos de acuerdo coherentes. Lo que acordemos de forma razonable, se hará. Y lo que no acordemos porque no está en la Constitución y en las leyes, no se hará».
Por tanto, invitó al partido verde a remar en la misma dirección, y no en otra, para poner fin al Gobierno de Sánchez. «Vox no puede convertirse en un muro, porque los españoles no han votado eso y porque yo no soy Sánchez. Aquí se convence, no se impone; aquí se respeta al más votado, no se hace lo que diga la minoría o nada; aquí se gobierna para todos, también para quienes no nos han votado. Por eso, muros, no».
Según manifestó, los votantes que han optado por PP y Vox en Extremadura o Aragón, están «esperando una alternativa» y su compromiso, es «no frustrarla». Por eso, ante la posibilidad de que en Extremadura se consume el rechazo anunciado a la investidura de María Guardiola, lanzó una advertencia: «Igual que han castigado a un mal Gobierno», los electores también pueden «castigar a quien no deje gobernar». Y apuntilló, otra vez: «No nos vamos a confundir de prioridades».
A Pedro Sánchez, verdadero adversario, le estampó los resultados de Aragón para enseñarle la puerta de salida: «La gente ya no le soporta. Por eso, me pregunto: ¿Cuántos tortazos electorales más necesita para entenderlo? ¿Cuántos peores resultados del socialismo le hacen falta para reaccionar? ¿Cuántas debacles más para que se vaya?». Y tiró de metáforas: «Tanto ocuparse de Marte y nadie le ha dicho que el que está a años luz de España, es él (...). Si quiere hacer oídos sordos pensando que libra la Guerra de las Galaxias cuando lo suyo se parece a Torrente, presidente; allá él».