São Lourenço do Barrocal, un destino por derecho propio
En ocasiones, una persona, un
momento, una circunstancia o una experiencia se vuelven memorables. Hay algo que,
en nuestro inconsciente y normalmente por un recuerdo positivo y entrañable,
invita a catalogarlo como inolvidable.
Esa es la sensación que tuve
cuando regresé de, en mi opinión, de uno de los mejores hoteles rurales,
situados en medio del campo, de Portugal. La llave Michelin que ostenta es
claro aval de estas palabras.
Rodeado de centenares de hectáreas (casi ochocientas) entre dehesas, viñedos, frutales y olivos encontraremos un lujoso cinco estrellas de los que, sin duda, impresionan al visitante.
Me refiero a São Lourenço do Barrocal (www.barrocal.pt), un verdadero paraíso
inmerso en la naturaleza donde pernoctar entre sus paredes se convierte en un
privilegio para el huésped.
Lujo sin estridencias que fascinará
hasta al más exigente de sus clientes.
Muy cerca de la frontera española
(a la altura de Villanueva del Fresno, en la provincia de Badajoz) y a poco más
de dos horas de Lisboa llegamos a nuestro destino.
Una antigua hacienda agrícola de
más de doscientos años de historia (donde un cuidado camino de piedra
flanqueado por una frondosa arboleda nos da la primera bienvenida) se
convertirá en nuestro idílico refugio alentejano por unos días.
Descubriremos un ambicioso proyecto hotelero que ha dado nueva vida a lo que antaño fuera una próspera granja en la que vivían más de cincuenta familias.
Una pequeña aldea (con
casas, colegio, talleres, cobertizos para animales, huertos o plaza de toros) cuya
memoria permanece en el recuerdo gracias a la respetuosa rehabilitación (conservando estructuras y diseños originales, patios, espacios comunes y calles) a cargo
del conocido arquitecto (premio Pritzker) Eduardo Souto de Moura y a un trabajado diseño que no olvida aquellos tiempos utilizando para la decoración testimonios
de ese pasado como fotografías, aperos de labranza, mapas, antigüedades o libros
de contabilidad.
Un lugar que, además de preservar
este pasado agrícola y humano, no olvida y pone en valor los restos megalíticos
(menhires y dólmenes), romanos o musulmanes aún presentes a lo largo de esta
gran heredad.
Siempre es importante destacar y
alabar en São Lourenço do Barrocal la existencia de un claro compromiso por la
sostenibilidad, por el respeto máximo al entorno, por la gestión sostenible del
agua y por una decidida apuesta por las energías renovables.
Todo está pensado para la
relajación y el descanso. Un magnífico spa con productos cosméticos de primera
calidad (Susanne Kaufmann), un equipado gimnasio y kilómetros de senderos para
recorrer (en bicicleta, a caballo o a pie en medio de la naturaleza) son
opciones que revitalizan el cuerpo y la mente.
El color blanco, tan típico de las construcciones alentejanas, predomina tanto en el exterior de estos edificios como en el interior de sus diferentes habitaciones, suites y casas rurales. Todas ellas, de gran amplitud y dotadas de las más modernas prestaciones, presumen de una decoración sencilla cuyo diseño, acorde con el entorno, nos envuelve aún más en el lugar en el que nos encontramos.
Dos
piscinas, una para los más pequeños, son también parte de esa gran apuesta por la
excelencia en el descanso.
Sin duda, un alojamiento fuera de lo común.
Nada debe extrañar que un hotel de estas características entre a
formar parte del selecto grupo “The Leading Hotels of the World”
(www.lhw.com), uno de los más exclusivos
del mundo.
¿Cómo no mencionar su vertiente
gastronómica? Cocina de proximidad y temporada que utiliza numerosos productos
de la finca. Entre ellos, los procedentes de su gran huerta, la miel o los
magníficos vinos y aceites de estas tierras.
Gastronomía de altísima calidad y altos vuelos, con
protagonismo lógico del recetario alentejano.
“Sopa alentejana de tomate con ovo escalfado”, “vitela do Barrocal estufada com esmagada de batata doce e verdes da horta”, “presa de porco con migas de espargos alentejanos”, “arroz de abóbora e suas sementes com cogumelos e verdes do barrocal”, “empada de aves alentejanas com folhas verdes do Barrocal”, “perdiz de escabeche”, “costeletas de borrego, batata assada e molho de montenheira” o “bochecha de porco alentejano e açorda de bivalves” son algunas de sus irresistibles tentaciones.
Todo ello, unido a una buena carta de vinos (con protagonismo de los de la
propia bodega) y un muy variado muestrario de postres.
Si me permiten el dulce consejo,
les sugiero dos golosas propuestas: “bolo de mel e noz com sorbet de tangerina”
y “brownie chocolate, amêndoa e alfarroba com gelado de aveia e pão torrado”.
Un precioso local, amplio,
luminoso y una acogedora chimenea al fondo (donde encontramos recuerdos
fotográficos de la finca y de la familia propietaria) es el escenario ideal para
una gran comida en la que una estudiada presentación de los platos y un
magnífico servicio son también señas de identidad.
Por cierto, no puede quedarse en el olvido su extraordinario desayuno buffet.
Variedad, diversidad, calidad y multitud de opciones para la primera comida del día. Imposible pedir más.
A destacar dentro de su selección de “huevos a
la carta”, sus “ovos benedict” y los “ovos de tomatada presunto de porco
alentejano”. La mejor manera de coger fuerzas para el día que nos espera.
Estoy convencido que una de las cosas más importantes que resaltar de cualquier hotel es la atmósfera que el huésped aprecia y se respira en su interior. São Lourenço do Barrocal, gracias a un magnífico equipo polifacético, multidisciplinar y políglota, ha logrado crear un ambiente acogedor donde es fácil sentirse cómodo y mimado.
Presentes en todo momento y atentos a
cualquier circunstancia, la hospitalidad de todos sus trabajadores y su
cercanía es incuestionable. Siempre atentos a cualquier detalle, por pequeño que sea.
En fin, mucho por ver y por disfrutar. Podría escribirles sobre su gran piscina (presidida por una gran roca de granito en una de sus esquinas), sobre la bodega de vinos (ubicada en lo que antes era el colegio de este granja agrícola), sobre su huerto ecológico, sobre su pequeña almazara y su sala de catas, sobre los restos de la plaza de toros, sobre el bar y las zonas comunes donde sentarse tranquilamente para disfrutar de una apasionante lectura mientras saboreamos un buen café, de su tienda donde comprar artesanía local y exquisiteces que llevarse a la boca, de su otro restaurante junto a la piscina, de su impresionante spa y sus salas de tratamiento y masajes, del privilegio que supone pernoctar muy próximos a Monsaraz (considerado uno de los pueblos más bonitos de Portugal) y al lago de Alqueva (el mayor lago artificial de Europa occidental), etc., etc.
Todos ellos, estoy convencido, alicientes y argumentos de peso para conocer este preciso hotel rural. Sin embargo, desde estas líneas, apenas les menciono algunos, garantizándoles que el abanico de prestaciones que ofrece São Lourenço do Barrocal es mucho mayor.
En definitiva, un hotel de referencia donde el tiempo, por suerte, pasa más lento.
Lujo y exclusividad, exenta de excesos, con un enfoque
sostenible y auténtico que es, en sí mismo, un destino por derecho propio.