El ayuno intermitente es una de las estrategias nutricionales de las que más se habla en los últimos años. Por un lado tiene sus defensores, que lo defienden como si fuera la panacea de múltiples problemas de salud y por otra parte, están los que lo demonizan. La realidad, es que ni una cosa, ni otra, ya que siempre habrá un «depende» que pueda justificar las dos versiones. Por lo que posicionarnos en un lado u otro siempre va a depender de las características personales de cada persona, de su contexto metabólico y fisiología. Realmente el ayuno intermitente no se trata de una dieta en sí, sino más bien de una manera de organizar los horarios de las comidas que se convierte en una herramienta más a nivel nutricional, para conseguir varios objetivos, como pueden ser la pérdida de masa grasa, mejorar el perfil lipídico, la salud cardiovascular o poner en marcha un sistema llamado «autofagia» entre otros. No se trata de dejar de comer, sino de crear una ventana de horas en las que si comemos y otras no. El más conocido es el ayuno de 16:8 (16 horas sin comer y 8 horas de ingesta), pero también se hace de 12:12 y de 14:10. Pero aquí es importante recordar que no solo importa en qué horas comemos, sino también lo que comemos, es decir, de lo que está constituida la dieta, porque de nada sirve hacer un ayuno si luego vamos a comer una pizza procesada, unos donuts o cualquier otro alimento ultra procesado. El ayuno intermitente puede ser una herramienta a considerar en determinadas situaciones y siempre que esté bien planteado, como por ejemplo: Recuerda que nunca habrá beneficio, si la dieta es inadecuada. A pesar de todos los posibles beneficios que nos puede aportar la práctica del ayuno intermitente, debemos de recordar que no es una estrategia válida para todo el mundo, llegando a ser no sólo contraproducente , sino también un peligro para la salud de algunas personas, como por ejemplo: Además también hay que considerar si se está utilizando algún tipo de medicación, porque en muchos casos puede ser contraproducente. Así que en muchos casos, forzar un ayuno intermitente puede generar más perjuicios que beneficios. Así que, si te has planteado el ayuno recuerda que no es una solución universal para todos, es imprescindible valorar cada situación personal y siempre de la mano de profesionales de la salud.