La apariencia como un falso indicador de la salud financiera
Este artículo fue publicado originalmente en El Día.
Desde hace mucho tiempo, la apariencia ha sido vista como un reflejo de la situación económica de las personas. En el siglo XIX, tener un buen caballo, tierras, reses y una casa constituía un índice subjetivo que mostraba la posición económica de muchos ciudadanos en la República Dominicana. Incluso, dentro de las familias, poseer prendas de oro representaba un valor adicional importante dentro de la dinámica social cotidiana.
Con el paso de los años y la democratización del crédito, han surgido nuevos elementos dentro de la dinámica económica de la sociedad. Vivimos en otros tiempos, donde las personas pueden acceder a préstamos que, en algunos casos, funcionan como una herramienta para progresar; pero en muchos otros, se convierten únicamente en un medio para sostener una apariencia o para apalancarse de forma poco saludable.
Es cada vez más común observar personas con vehículos, celulares de último modelo, viajes anuales y ropa de marca, lo cual en nuestra sociedad suele interpretarse como una muestra de superación y buena estabilidad económica. Sin embargo, en muchas ocasiones, al analizar de manera interna las finanzas de estos individuos, se encuentran tarjetas de crédito sobregiradas y préstamos en atraso, lo que evidencia que los bienes materiales que poseen parten, en gran medida, de un uso abusivo de sus finanzas personales.
Podría pensarse que esto responde únicamente a posiciones individuales, pero en realidad se trata de una construcción social que se ha desarrollado con el tiempo, en la cual los medios de comunicación y, actualmente, las redes sociales desempeñan un papel fundamental.
Mostrarse como una persona rica, aun enfrentando serios problemas financieros, es una dinámica que se mantiene y probablemente seguirá multiplicándose. Es una forma de venderle al otro una imagen de bienestar, o de hacerle creer que la estabilidad económica se mide por el reloj que se lleva puesto, sin tomar en cuenta que, en muchos casos, esto no es más que un espejismo financiero.
Se hace necesario, en estos tiempos, abrir espacios donde se discutan estos temas. No solo porque contribuyen a educar a la ciudadanía, sino porque permiten generar un ambiente crítico y posturas más firmes en relación con las finanzas personales y familiares. Mantenerse dentro del mismo esquema solo contribuye a crear una burbuja que continuará afectando a las futuras generaciones.
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