El Caribe Mexicano, o el esplendor del mundo maya
Quien viaja al Caribe mexicano regresa libre de impurezas. Con tal intensidad se percibe su clima tropical, que la producción constante de sudor que sus húmedas temperaturas conllevan está incluso arraigado en la cultura y en la tradición de sus habitantes. Pero no como una reacción corporal al uso: tiene un sentido espiritual e incluso terapéutico, que se traduce en una práctica que fue plenamente desarrollada por los mayas. Se trata del Temazcal: una suerte iglú de piedra, que simboliza el interior del vientre de la Madre Tierra. Un lugar oscuro y acogedor, también caliente y húmedo, que significa “casa del sudor” y que permite, a todo aquel que entra en compañía del Chamán, conectar con la naturaleza como origen de todo. Una ceremonia que fomenta la reflexión y la introspección, así como permite la liberación de toxinas y la limpieza del cuerpo gracias a unas rocas ardiendo que, bañadas por hierbas aromáticas y agua, producen un efecto sauna que hacen que el concepto de sudor pase a un nivel casi incorpóreo. Un rito disponible para aquel turista consciente de que el caribe mexicano ofrece mucho más que sol, playa, margaritas y arena blanca.
El Cenote Dos Palmas es ejemplo de las virtudes de profundizar en el universo de posibilidades que ofrece la región de Quintana Roo (México). Poco hace falta en esta zona para inmiscuirse en plena selva: basta con caminar o conducir unos minutos hacia las afueras de una ciudad para verse rodeado de selva, de flora y fauna en plena vida. Está a unos 20 minutos de Tulum y es un lugar que, además de contar con cristalinas y frescas aguas por las que nada alguna tortuga despistada, y que terminan de purificar a aquel que ha vivido la experiencia del Temazcal, permite asimismo convivir con una comunidad maya, con sus costumbres, artesanías y gastronomía. Un espejo de miles de años de una civilización que resulta digna de descubrir.
Siendo Chichen Itzá, en Yucatán, las ruinas mayas más conocidas por el gran público, las ubicadas en la zona del Caribe también son verdaderamente impresionantes: existen alrededor de 18 zonas arqueológicas registradas, aunque arqueólogos y guías turísticos coinciden en que el número, con algunas en paradero desconocido, es mucho mayor. Reluce la zona arqueológica de Tulum, ante todo por su excepcional ubicación: sobre un acantilado se erige una gran extensión verde sobre el que se salpican ruinas y restos de templos mayas. Habitado entre los siglos XIII y XVI, este lugar fue puerto comercial e incluye a día de hoy más de 60 estructuras con buena conservación, destacando el espectacular Templo de los Frescos, con coloridos murales e hipnóticos relieves. Y por el mismo camino va la zona arqueológica de
Ichkabal, a unos 40 kilómetros de la laguna de Bacalar y que apenas lleva abierta unos meses. Se halló oficialmente por un grupo de arqueólogos en los años 90, y aseguran que es más antiguo que Chichen Itzá, y quizá también más poderoso. El edificio mayor tiene una altura de 40 metros, y lo interesante para el visitante ya no es lo poco que hay visible, sino lo que se esconde: resulta hasta abrumador imaginar cómo sería aquella zona en su máximo esplendor antes de que dominase la maleza. El gobierno mexicano apenas se involucra en la logística necesaria para seguir excavando, pero se estima que las investigaciones en curso revelarán más detalles sobre la cultura maya a lo largo de las próximas décadas.
Esplendor medioambiental
Resulta visiblemente evidente para quien viaja a Quintana Roo hasta qué punto el respeto de los mayas hacia la naturaleza y su poder ha calado en la sociedad mexicana. Existen en esta región, que lidera la gobernadora María Lezama, 34 áreas protegidas, 2.500 cenotes e incluso cuentan con el segundo arrecife de coral más grande del mundo, después del australiano. Apunta Bernardo Cueto, secretario de Turismo del estado, que existen en esta franja que linda con el mar Caribe doce destinos, entre los que la movilización resulta cada vez más sencillo, gracias a iniciativas de movilidad sostenible como la del Tren Maya: Bacalar, Cancún, Chetumal, Isla Cozumel, Isla Mujeres, Holbox, Mahahual, Playa del Carmen, Puerto Morelos, Tulum, Costa Mujeres y Maya Ka’an. Y si hay una característica común que comparten es ese respeto y cuidado por su flora y fauna.
En este sentido llevan más de 25 años trabajando en la Fundación Ecobahía, institución ecológica del Grupo Piñero, el cual goza de una gran representación en el caribe mexicano. De la mano de Soltour, turoperador insignia del Grupo que está celebrando sus 50 años de vida, a través de esta Fundación tratan de arrojar luz tanto a mexicanos como a turistas de hasta qué punto es necesario el compromiso y educación medioambientales. El objetivo de la Fundación es el de conservar los ecosistemas locales e impulsar prácticas sostenibles que permitan un modelo turístico más responsable. “Nacimos en 1999, a la vez que el hotel Bahia Príncipe Tulum –donde se ubica Aventuras DIF, playa en la que operan-, y con un objetivo grande: que las tortugas marinas se encuentren en armonía con su ecosistema”. En todo el mundo existen 7 especies, de las cuales dos llegan a las costas de la playa Aventuras DIF. “Hemos mejorado la forma en que se gestiona la playa para que las tortugas puedan acercarse a ellas y reproducirse. Ya son 63.000 las que han nacido en estos últimos cuatro meses”, explica Luis Verdín, biólogo y Director de la Fundación.
Todas las tortugas están hoy en peligro de extinción, algo que se debe “a factores antropogénicos, como el consumo y robo de huevos, o las redes de pesca”, explican desde Ecobahía. En este sentido, han implementado un patrullaje constante en Aventuras DIF, controlando así la temporada de anidación y de la incubación. Una labor de protección que desempeñan con otras especies, como es la mariposa monarca: “Un fenómeno que merece la pena proteger en México”. Además de estar relacionada con el famoso Día de Muertos mexicano, pues se dice que cada mariposa es el alma de un familiar que está visitándoles, explica Verdín que “protagonizan una de las migraciones más grandes de un insecto en el planeta, desde el norte de América hasta un bosquecito en el centro de México. Estamos potenciando plantas que lo favorezcan y la polinización”.
Y, por supuesto, también hay en el caribe mexicano sol, playa y arena blanca. También lejos de la costa: cerca de Chetumal, la grandiosa Laguna de los Siete Colores es un espectáculo para la vista. La cantidad de cenotes que se distribuyen por su fondo permiten un abanico de tonalidades y texturas que hacen justicia a lo que esta zona de México representa: el paraíso. Y misma suerte corren las islas que se salpican más allá de la costa de Cancún, como es el caso de Contoy, sitio estratégico para los mayas en su ruta comercial, y que hoy se erige como el último punto del Caribe mexicano. Cuenta con una playa virgen, 178 especies de ave diferentes y, cuidado, mosquitos y cocodrilos. Un lugar con aforo limitado en el que el clima tropical luce en su máximo esplendor –nunca olvidar en Quintana Roo gorras, protector solar y repelente de insectos-, y donde se demuestra, una vez más, el firme respeto hacia la madre naturaleza de aquellos que están haciendo, bajo el sudor de una frente, de este Estado un lugar fascinante y en pleno crecimiento artístico, económico y turístico.