Marta Castro confiesa qué ocurre cada verano en su pueblo de 40 habitantes en Asturias
Sietes, el pueblo de 40 habitantes que marca el verano de Marta Castro
Hoy viven allí en torno a 40 personas. Pero no siempre fue así. A comienzos del siglo XX, la población superaba el medio millar de habitantes. A partir de 1928 comenzó una emigración masiva que redujo drásticamente el censo hasta las cifras actuales.
Ese contexto histórico ha convertido al pueblo en un enclave tranquilo, ajeno al ritmo acelerado de las grandes ciudades. Precisamente esa diferencia es la que Marta Castro busca cada año.
Un refugio frente al ritmo frenético
La influencer ha definido Sietes como su refugio y su lugar de paz. Cuando el trabajo, los compromisos y la exposición pública la han desbordado, ha encontrado en Asturias un espacio para desconectar.
El contraste es evidente. Frente al tráfico y la agenda apretada de Madrid, en Sietes el tiempo se mide de otra manera. Las rutinas giran en torno al campo, los animales y la convivencia vecinal.
Allí, Marta Castro comparte con su hijo experiencias que marcaron su propia infancia. Dar de comer a los caballos, visitar las gallinas o ver las vacas forman parte de un día a día que para ella es esencial mantener.
Un entorno que quiere transmitir a sus hijos
En 2026, la influencer volverá a ser madre. Será su segundo hijo y el primero junto a Rodri Fuertes. En este nuevo momento vital, su vínculo con Asturias adquiere todavía más relevancia.
Castro ha explicado que desea que sus hijos crezcan con ese contacto directo con la naturaleza y con la memoria familiar. No se trata solo de vacaciones, sino de preservar una identidad.
El sorprendente vínculo tecnológico de un pueblo rural
A pesar de su tamaño y de su imagen tradicional, Sietes protagonizó uno de los episodios más singulares de la historia reciente de la tecnología en España.
En 2009, la multinacional Microsoft eligió esta pequeña localidad asturiana para presentar su sistema operativo Windows 7, sucesor de Windows Vista. La elección no fue casual: el nombre del software coincidía con el del pueblo.
Cuando Sietes se convirtió en escaparate mundial
La campaña convirtió al núcleo rural en el centro de atención internacional durante varios días. Vecinos participaron en anuncios publicitarios y el pueblo se volcó con la iniciativa.
Además, se inauguró un telecentro destinado a formar a los habitantes en nuevas tecnologías. Una imagen poco habitual en un entorno de apenas 40 residentes.
Para conmemorar el evento, las cuatro primeras casas del pueblo fueron pintadas con los colores corporativos de la compañía: verde, rojo, azul y amarillo. Esa estética se mantiene hoy como reclamo turístico y símbolo de aquel episodio.
Más allá de Sietes: los imprescindibles asturianos de Marta Castro
Aunque Sietes ocupa un lugar central, Marta Castro amplía cada verano su recorrido por otros enclaves asturianos que forman parte de su memoria personal.
- Villaviciosa, capital del concejo y punto de referencia familiar.
- Playa de Rodiles, uno de los arenales más conocidos del Principado.
- Covadonga, destino habitual cuando el tiempo no acompaña.
- Tazones, villa marinera con fuerte atractivo gastronómico.
La elección de cada lugar responde a una tradición. Cuando hace sol, la familia se desplaza hasta Rodiles. Si la lluvia obliga a cambiar planes, la visita a Covadonga se convierte en cita obligada.
Tradición, naturaleza y memoria familiar
El denominador común es claro: paisajes verdes, mar Cantábrico y patrimonio histórico. Asturias ofrece una combinación de montaña y costa que explica por qué tantos visitantes repiten cada año.
Para Marta Castro, sin embargo, el atractivo no es solo turístico. Es emocional. La influencer insiste en que sus raíces están allí y que cada regreso refuerza ese sentimiento de pertenencia.
En un momento en el que muchos pueblos españoles luchan contra la despoblación, historias como la suya ponen el foco en el valor sentimental y cultural del entorno rural.
Marta Castro no solo pasa el verano en Asturias. Regresa al lugar donde encuentra calma, identidad y continuidad familiar. En Sietes, ese pueblo de 40 habitantes que cada año recupera su bullicio estival, la influencer revive una tradición que para ella es innegociable y que seguirá marcando sus veranos en Asturias.