Los errores de ETA y la forma de encubrirlos
ETA cometía errores, pero como ocurrecon los fanáticos, nunca los reconocía. O, cuando no tenía salida, los achacaba a problemas técnicos, como cuando una investigación periodística demostró que un barco en el que supuestamente navegaba el rey don Juan Caralos no se correspondía al año en que supuestamente uno de los "comandos" le vigiló para prepara su asesinato. En cualquier caso, siempre estaba el latiguillo de quela víctima eta un "txibato" que colaboraba con las Fuerzas de Seguridad o se dedicaba al mundo de las drogas.
Ocurrió tal día como hoy, pero de 1983. Joaquina Patricia Llanillo Borbolla, de 32 años, se encontraba junto a su esposo, José Luis Alonso, de treinta y ocho, investigador privado, dentro del coche propiedad de la pareja, un Seat 131. El vehículo estaba estacionado en la calle Andia de Tolosa. Eran las 21:30 horas de una noche muy concurrida porque la localidad guipuzcoana celebraba fiestas de carnaval. La pareja no se dio cuenta de la llegada de varios terroristas que se colocaron junto al vehículo y ametrallaron a José Luis y a Patricia desde la parte frontal y el lateral izquierdo. Patricia, que se encontraba embarazada, fue alcanzada de lleno y murió en el acto, mientras que José Luis, con dos impactos en el tórax, fue trasladado en estado grave a un centro sanitario.
José Luis era un detective privado especializado en investigaciones laborales, por lo que se cree que ETA lo debió confundir con un miembro de las Fuerzas de Seguridad. En todo caso, la organización terrorista asumió el atentado como propio e intentó disimular su equivocación considerando a José Luis y a su esposa colaboradores de los cuerpos policiales.
La pareja tenía dos hijos adolescentes, Patricia y Roger, de 15 y 14 años, respectivamente. Ambos encabezaron la manifestación de repulsa por el asesinato de su madre que días después del crimen recorrió las calles de San Sebastián. Al término de la protesta, Juan María Bandrés, diputado de Euskadiko Ezkerra, declaró: "Estamos cansados de tanta manifestación y de tanto oído sordo a la voz del pueblo vasco. Este pueblo que se encuentra siempre con una burrada cada vez mayor que la anterior".
La víctima, natural de Santander, fue enterrada en el cementerio donostiarra de Alza, con la asistencia solo de sus familiares y allegados.