Durante años se ha instalado la idea de que tener un cuerpo fuerte, definido y tonificado es sinónimo de sufrir y que hay que pasar hambre, cortar grupos de alimentos y castigarse en el gimnasio para
conseguir los resultados que esperamos. Esa narrativa
no solo es falsa, también es peligrosa: favorece la
relación obsesiva con la comida, baja la autoestima y hace que muchas personas abandonen antes de tiempo porque el plan es, sencillamente,
imposible de sostener. Seguir leyendo...