Un fontanero denuncia el desprecio que sufrió su profesión durante años y reivindica que hoy son “el futuro”: “Ahora todos quieren ser como yo, pero hace 18 años me llamaban ‘deshecho’”
“¿Os acordáis cuando nos decían: ‘si no estudias, vas a acabar en la obra’? Porque trabajar en la obra estaba mal visto, era de gente sin estudios, mal pagada y sin futuro”. Con esta pregunta retórica, el fontanero Joan ha abierto un profundo debate en sus perfiles sociales sobre la valoración social de los oficios.
El profesional, que acumula cerca de cien mil seguidores en Instagram, ha compartido un testimonio en el que denuncia el desprecio que sufrió durante años por dedicarse a un trabajo manual y reivindica el lugar central que ocupan hoy fontaneros, electricistas o carpinteros en el mercado laboral. “Llegaba el jefe y te decía: ‘doy una patada y salen diez como tú’. ¿Dónde están ahora?”, ironiza.
El relato de Joan adquiere especial crudeza cuando rememora episodios de su adolescencia. “Deshecho social me llamó la profesora de naturales cuando se enteró de que quería ser fontanero”, confiesa, antes de dedicarle un saludo cargado de sarcasmo y orgullo.
Frente a aquel estigma, el fontanero constata la situación actual: “Busca un fontanero, un electricista, un carpintero, un conductor… No los hay, y los que hay tienen la agenda llena y te cobran caro, porque resulta que ahora somos el futuro”.
“No era falta de estudios, era falta de respeto”
El profesional incide en la paradoja que atraviesa su gremio y otros similares. Mientras décadas de discurso social han vinculado el éxito al título universitario y han despreciado la formación profesional aplicada, la realidad del mercado ha girado radicalmente.
La escasez de profesionales cualificados en sectores como la fontanería, la electricidad o la carpintería ha convertido a estos trabajadores en perfiles altamente demandados y bien remunerados. “Ahora todos quieren ser como yo, todos quieren ser como tú”, señala Joan, “pero para llegar aquí, han pasado 18 años estudiando, trabajando y aprendiendo, pero es que ahora resulta que somos el futuro”.
En su mensaje, el fontanero subraya que el desprecio que sufrió no obedecía a una falta real de capacidad o de perspectivas, sino a un prejuicio social injusto. “Resulta que ahora los oficios somos el trabajo del futuro. Y nos dijeron que sin estudios no íbamos a ser nadie. No era falta de estudios, era falta de respeto”, sentencia.