Durante varios siglos, el
carnaval tuvo un lugar muy importante en la vida de los pueblos y las ciudades europeas. Esta festividad se alargaba durante los tres días que precedían al Miércoles de Ceniza, que
marca el inicio de la Cuaresma, un período de abstinencia y ayuno que preparaba a los fieles para la Pascua. Se trata de tres días en los que las personas se entregaban a una exaltación colectiva y a todo tipo de excesos que estaban prohibidos durante el resto del año.
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