A simple vista, el diente de león parece inofensivo. Su flor amarilla salpica jardines, cunetas y campos; su esfera blanca, convertida en deseo infantil, se dispersa con un soplo. Pero tras esa imagen doméstica se esconde una de las plantas más exitosas —y problemáticas— del planeta. Ahora, un equipo internacional de investigadores ha descubierto que su éxito no depende solo de su biología visible, sino de una comunidad microscópica que viaja oculta en el interior de sus semillas. El estudio, publicado en Nature Communications, demuestra que el microbioma del diente de león potencia su capacidad de colonización y adaptación, y plantea una nueva vía para la gestión de especies invasoras. Un trabajo en el que participa el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), junto a instituciones de Chile, España, Reino Unido, Sudáfrica, Estados Unidos y Argentina. El protagonista del estudio es Taraxacum officinale , el diente de león común. Originario de Europa, se expandió a otros continentes de la mano del ser humano y hoy crece prácticamente en cualquier rincón del mundo. En lugares como Chile o California está considerado especie invasora. Es oportunista, prolífica y resistente. Produce grandes cantidades de semillas con alta capacidad de dispersión, coloniza suelos alterados y prospera tanto en jardines urbanos como en hábitats con condiciones ambientales extremas. Pero ¿qué explica realmente esa extraordinaria adaptabilidad? La respuesta podría estar en el endomicrobioma: el conjunto de microorganismos —bacterias y hongos— que colonizan los tejidos internos de las plantas y que, en este caso, viajan ya dentro de la semilla. Para comprender el papel de este microbioma en el éxito invasor del diente de león, el equipo recolectó semillas en ecosistemas mediterráneos de cinco continentes. Posteriormente, las cultivaron durante cinco generaciones en condiciones controladas. Algunas semillas fueron tratadas con antibióticos y fungicidas para reducir su endomicrobioma; otras se mantuvieron intactas como grupo de control. Los resultados fueron contundentes. Las plantas cuyas semillas conservaron su microbioma mostraron mayor tasa fotosintética, produjeron más flores y semillas y exhibieron mayor capacidad competitiva frente a especies nativas. Luis R. Pertierra, investigador del MNCN que participa en el estudio, lo explica con una metáfora: «La planta actúa como una persona que adapta su vestimenta —que en su caso serían los microorganismos— a las condiciones ambientales de cada entorno y estación, lo que la convierte en toda una superviviente». Es decir, el microbioma funciona como un traje biológico ajustable, capaz de optimizar la respuesta de la planta ante nuevos desafíos. El profesor Marco Molina-Montenegro, de la Universidad de Talca (Chile), utiliza otra imagen para describir el fenómeno: «Podemos pensar que el éxito de invasión del diente de león responde a una estrategia similar a la del Caballo de Troya. Una vez que las semillas llegan a un nuevo ecosistema, son los microorganismos ocultos en su interior los que hacen el trabajo biológico que determina el éxito de la planta». La metáfora no es exagerada. El estudio demuestra que el endomicrobioma estimula la expresión de genes asociados a la tolerancia al estrés y al metabolismo secundario, lo que facilita la adaptación a ambientes distintos en pocas generaciones. Además, los investigadores midieron compuestos alelopáticos —sustancias químicas que influyen en la competencia entre plantas— presentes en el suelo y en los tejidos. Detectaron que el efecto beneficioso del microbioma se intensificaba en la quinta generación, evidenciando una acumulación progresiva de ventajas adaptativas. Ian S. Acuña Rodríguez, también de la Universidad de Talca, subraya que el microbioma no solo ayuda a tolerar nuevas condiciones ambientales, sino que también proporciona «herramientas químicas para competir mejor con la flora nativa». En otras palabras, la invasión no es solo cuestión de resistencia, sino también de ofensiva bioquímica. Las implicaciones del estudio van más allá del caso concreto del diente de león. Comprender y eventualmente manipular el endomicrobioma de las semillas podría convertirse en una herramienta innovadora para la gestión de especies invasoras. Tradicionalmente, el control de malezas se ha basado en métodos mecánicos o químicos. Sin embargo, actuar sobre el microbioma abre un enfoque diferente: intervenir en la red simbiótica que sostiene el éxito de la planta. «Si se trabaja sobre el endomicrobioma para entender la capacidad invasora de estas plantas, será más fácil anticipar aquellas más amenazantes», señala Pertierra. El investigador apunta que este conocimiento también podría tener aplicaciones positivas, como mejorar el rendimiento de cultivos o facilitar la restauración de ecosistemas degradados. La clave está en entender que la planta no actúa sola. Es un organismo complejo que funciona en alianza con una comunidad microbiana que puede modular su comportamiento. El estudio se inscribe en un contexto más amplio: el cambio global está acelerando la redistribución de la biodiversidad. Especies que antes permanecían confinadas a determinadas regiones ahora se expanden a nuevos territorios, impulsadas por el comercio, la movilidad humana y el cambio climático. Esta redistribución tiene consecuencias ecológicas, económicas y sanitarias. Las especies invasoras pueden alterar cadenas tróficas, desplazar flora y fauna autóctonas y afectar a actividades agrícolas. Comprender los mecanismos invisibles que favorecen esas invasiones es esencial para anticipar riesgos y diseñar estrategias más eficaces. El trabajo del consorcio internacional, que reúne instituciones de Chile, España, Reino Unido, Sudáfrica, Estados Unidos y Argentina, aporta una pieza clave al rompecabezas: el papel activo del microbioma en la trayectoria evolutiva de las plantas invasoras. El diente de león seguirá creciendo en cunetas y jardines. Pero ahora sabemos que cada una de sus semillas lleva algo más que potencial genético: transporta una comunidad microscópica capaz de multiplicar sus posibilidades de éxito.