Ahora que todo es agua tras los cristales, esta sucesión incesante de lluvias en el que iba a ser el invierno más seco en años; este viento que azota las ventanas y arranca de cuajo los árboles por su raíz; tantos ríos desbordados, crecidos, alimentados por las aguas del cielo y por la nieve que se derrite. Ahora, mientras sigue lloviendo y el horizonte es una mancha negra, amenazante, viajo a la misma vista y otro horizonte. Esa misma línea que en verano aparecía naranja y roja mientras lejos se quemaban la Sierra de La Culebra y Sanabria y Los Valles. Este mismo horizonte que ahora rezuma agua como si no cupiese más ahí arriba, que en verano era el...
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