Buscas una casa. La encuentras. Pides financiación. La consigues. Firmas la compra. Y, cuando todo parece estar resuelto, la administración tributaria te indica que el valor de ese inmueble es superior al que has pagado a la hora de liquidar el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales (ITP). El periplo se repite casi miméticamente si recibes un inmueble en una herencia. En ambos casos, el valor tributario es distinto al que consideras que tiene ese bien. Y ahí comienzan los problemas. Las discrepancias entre los cálculos oficiales y las estimaciones personales llegan en el peor momento posible cuando los ciudadanos comprueban cómo el análisis de Hacienda es superior al suyo. Porque la reforma de la ley que luchaba contra el fraude, en...
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