Hacía dos años que la Consejería de Interior me había informado de que mi nombre figuraba como objetivo en las listas del Comando Vizcaya de ETA. En ese momento, se produjo un quiebro vital. Al estupor mayúsculo de convertirme en objetivo de ETA por el simple hecho de ser periodista, de trabajar en un medio de comunicación en el País Vasco y de defender una sociedad libre, democrática y pacífica, se añade el de empezar a vivir siguiendo un estricto protocolo de seguridad, tan estricto que mi vida se acabó convirtiendo en una cárcel: acompañada siempre por dos escoltas, viajando en un coche con inhibidores, restringiendo mis movimientos al máximo y obligada a adoptar un sinfín de medidas de protección,...
Ver Más