La montaña no perdona errores: los terrenos son irregulares, los desniveles pueden ser exigentes y el cúmulo de kilómetros ponen a prueba tanto nuestras piernas como el calzado que utilizamos. Para caminar o correr por senderos no basta con unas zapatillas cualquiera... a no ser que quieras acabar al día siguiente en la cama sin poderte mover del dolor de pies. Necesitas una buena amortiguación que absorba el impacto y que sujete bien tu pie para que sientas una gran estabilidad a la hora de moverte. Y ahí es donde
Salomon vuelve a marcar la diferencia.
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