Durante décadas, el príncipe Andrés ocupó un lugar singular dentro de la monarquía británica: héroe de guerra, figura rebelde, representante comercial del Reino Unido y, al mismo tiempo, protagonista recurrente de controversias que, con el paso de los años, se transformaron en un problema estructural para la institución. Hoy, apartado de la vida pública, despojado de honores militares, sometido al escrutinio público por el escándalo Epstein, y finalmente detenido este jueves por conducta indebida en cargo público por sus lazos con el pederasta condenado, su figura vuelve a situarse en el centro del debate público como símbolo de una caída personal que arrastra implicaciones políticas, institucionales y familiares. Nacido en 1960, cuando Isabel II llevaba ocho años en el trono...
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