Desde que Edward Jenner utilizara la viruela de las vacas para inocular a humanos en 1790, la vacunación se ha basado en un principio inamovible: la especificidad. Cada vacuna se diseña como un «retrato robot» de un patógeno concreto —como la proteína del SARS-CoV-2— para que el cuerpo aprenda a reconocerlo. Sin embargo, como vimos tan crudamente durante la pandemia, este paradigma tiene una debilidad: si el virus muta, ese retrato deja de servir . Ahora, un equipo de la Universidad de Stanford ha presentado en la revista ' Science ' un avance que podría cambiar la medicina preventiva : una «vacuna universal» capaz de proteger simultáneamente contra virus, bacterias e incluso alérgenos. El estudio, liderado por el profesor de microbiología e inmunología Bali Pulendran, describe una fórmula administrada por vía intranasal que, en ensayos con ratones, ha demostrado una eficacia asombrosa. A diferencia de las vacunas actuales, esta no imita a un virus específico, sino que replica las señales de comunicación que utilizan las células inmunitarias durante una infección real. El resultado es un estado de alerta constante en los pulmones que dura varios meses. «Este ha sido el paradigma de la vacunología durante los últimos 230 años», explica el doctor Pulendran, refiriéndose a la dependencia de los antígenos específicos. «Pero cada vez es más evidente que muchos patógenos pueden mutar rápidamente . Como el proverbio del leopardo que cambia sus manchas, un virus puede cambiar los antígenos de su superficie y escapar a la vacuna». Ante este reto, los investigadores decidieron apostar por una idea que el propio Pulendran califica de «extravagante»: crear una protección que no entienda de nombres de virus, sino de amenazas generales. La clave del éxito reside en la combinación de las dos ramas del sistema inmunitario : el adaptativo (que genera anticuerpos específicos a largo plazo) y el innato (la primera línea de defensa, rápida pero normalmente efímera). Hasta ahora, el sistema innato se consideraba un simple «telonero» que actuaba durante unos días antes de dar paso a los anticuerpos. Sin embargo, el equipo de Stanford ha logrado que la respuesta innata permanezca activa durante meses. Para conseguirlo, la vacuna utiliza una fórmula que imita las señales que las células T (del sistema adaptativo) envían a las células del sistema innato para que no bajen la guardia. Al recibir estas señales a través de un spray nasal, los pulmones se convierten en una fortaleza. Los ratones vacunados no solo sobrevivieron a dosis letales de SARS-CoV-2 y otros coronavirus, sino que también mostraron resistencia frente a bacterias hospitalarias comunes como el Staphylococcus aureus o el Acinetobacter baumannii. «Lo que es notable del sistema innato es que puede proteger contra una amplia gama de microbios diferentes», afirma Pulendran. Los datos del estudio muestran que la carga viral en los pulmones de los animales vacunados se redujo hasta 700 veces en comparación con los no tratados. Casi de forma simultánea al hallazgo de Stanford, un equipo internacional con una destacada participación española ha dado otro paso hacia la universalidad inmunológica , esta vez centrada en las alergias. Investigadores de la Universidad Complutense de Madrid, el IBIMA de Málaga y los hospitales Vall d'Hebron y Clínic de Barcelona han desarrollado una terapia basada en ARN mensajero capaz de tratar múltiples alergias a la vez. El estudio, publicado en ' Nature Communications ', utiliza un «alérgeno consenso»: una proteína artificial diseñada en laboratorio que combina las características comunes de toda una familia de alérgenos presentes en frutas, frutos secos y pólenes. Al administrar esta proteína mediante la tecnología de ARNm —la misma de las vacunas del Covid—, las células del paciente fabrican la defensa de forma controlada. «Necesitábamos una terapia capaz de atacar varias alergias a la vez de forma rápida y segura», explica la autora principal Esperanza Rivera de Torre , investigadora de la Universidad Técnica de Dinamarca. Esta aproximación es vital para pacientes con alergias cruzadas (por ejemplo, al melocotón y a ciertos pólenes), quienes hasta ahora solo podían optar por evitar los alimentos o someterse a inmunoterapias largas , no siempre eficaces. La mayor sorpresa del estudio de Stanford llegó al probar la vacuna contra agentes no infecciosos . Los investigadores expusieron a los ratones a proteínas de ácaros del polvo doméstico, un desencadenante común del asma alérgica. Mientras que los ratones no vacunados sufrieron inflamación y acumulación de mucosidad, los vacunados mantuvieron sus vías respiratorias despejadas. «Imagine recibir un spray nasal en los meses de otoño que le proteja de todos los virus respiratorios, incluidos el covid-19 , la gripe , el virus respiratorio sincitial (VRS) y el resfriado común , así como de la neumonía bacteriana y los alérgenos de principios de primavera», vaticina Pulendran. El equipo espera que esta «vacuna total» pueda estar disponible para humanos en un plazo de cinco a siete años .