Si un hecho noticioso es aquel que rompe la continuidad de los acontecimientos, entonces la caída de José Jerí, el séptimo presidente peruano defenestrado en los últimos diez años, no lo es. Se trata, más bien, de la deriva lógica de un sistema institucional viciado, que ya no ejerce su función de representación popular y en el que los congresistas, más aún los presidentes, llegan a sus cargos por azar y a hacer cualquier cosa menos gobernar. Prefieren emplear los privilegios del poder para hacer pequeños chanchullos, blindarse legalmente frente a la justicia y favorecer intereses sectoriales e informales. Más de la mitad del Congreso peruano, en realidad el 63 por ciento, 82 legisladores de 130, tienen denuncias ante la...
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