Sánchez comenzó la semana añadiendo una muesca a la culata de su revólver. Satisfecho, sopló su Colt una vez disparó otra vez contra los empresarios («los del puro», en la jerga sanchista) a los que utiliza para hacer puntería y distraerse, o mejor dicho, para intentar distraer al personal cuando se ve apurado por el enésimo escándalo de corrupción en su entorno familiar, político y de amigos, o por la última pifia de sus ministros, cuya impericia o deficiente gestión suelen devenir en una catástrofe insólita en la historia de España, ya sea dejar a oscuras durante un día entero a dos países, ya sea inaugurar el registro mortal de la alta velocidad ferroviaria española. Pero mal sabe el yerno...
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