La alimentación es un eje esencial de la salud, puesto que aporta la energía y los nutrientes que permiten al organismo funcionar y repararse. De esta forma, mantener una dieta equilibrada ayuda a reducir el riesgo de enfermedades crónicas, además de contribuir a la mejora del bienestar general, el rendimiento mental y la fortaleza del sistema inmunitario. Y estos hábitos saludables, como la gran mayoría, suelen adquirirse en la infancia, cuando absorbemos toda la información que nos llega del exterior y lo que vemos hacer a nuestros padres, o, más bien, lo que les escuchamos decir. Por ello, la psicóloga Rita Lara afirma que «una relación saludable con la comida en niños no empieza en cómo comen, empieza en cómo...
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