La danza de la señorita Riefenstahl a la orilla del mar es lo más hermoso que he visto jamás». Fue el comentario de Hitler al verla, en 1926, en una escena de la película La montaña sagrada . Aún faltaban seis años para que aquella joven bailarina y actriz conociera al hombre que cambiaría su destino y el de toda la humanidad. Sucedió una tarde de febrero de 1932, cuando Leni Riefenstahl, animada por un amigo, asistió a un mitin del líder del NSDAP en el Palacio de Deportes de Berlín. El magnetismo que desprendía aquel hombre la abandonó en un estado de fascinación que rozó la semiinconsciencia. Sintió que «la tierra se abría a sus pies» y que «un...
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