Durante décadas, la madera ha sido percibida como un material secundario en la edificación moderna, relegado principalmente a viviendas unifamiliares, construcciones rurales o elementos decorativos. Frente al dominio del hormigón y el acero, su papel estructural parecía limitado. Sin embargo, en los últimos años, este escenario ha comenzado a cambiar impulsado por la búsqueda de soluciones más sostenibles, por el desarrollo de sistemas industrializados y por los avances técnicos en ingeniería. La madera se abre paso como una alternativa real en la edificación contemporánea, un proceso de transformación que ha sido analizado en profundidad en el informe «Riesgos asociados a la construcción con madera en edificación», elaborado por el Grupo de Trabajo de Construcción con Madera del Clúster de la Edificación. El documento desmonta muchos de los prejuicios históricos asociados a este material y sitúa el foco en una idea central: la seguridad y la durabilidad de un edificio no dependen tanto del material empleado como del rigor técnico con el que se diseña, se construye y se mantiene. «El riesgo cero no existe en ningún sistema constructivo, lo que marca la diferencia es la gestión del riesgo, el buen diseño y el control técnico independiente», señala Santiago Parras, coordinador del grupo y gerente de AECCTI. Esta visión, compartida por arquitectos, ingenieros y entidades de certificación, se aleja de los debates simplistas sobre materiales «buenos» o «malos» y apuesta por una evaluación integral de cada proyecto. En términos cuantitativos, la madera todavía ocupa una posición modesta en el mercado residencial español. Según el informe, representa entre el 2% y el 3% de la vivienda de nueva construcción. Sin embargo, este porcentaje, que hace apenas una década era prácticamente testimonial, refleja una tendencia ascendente. No se trata de una sustitución masiva del hormigón, sino de un cambio cualitativo en la manera de concebir la edificación, especialmente en el ámbito de la construcción industrializada. La ligereza del material, su capacidad de prefabricación en entornos controlados y la rapidez de montaje permiten reducir plazos, minimizar errores en obra y optimizar recursos. En un sector tradicionalmente marcado por los retrasos y los sobrecostes, estas ventajas resultan especialmente atractivas. Además, la madera contribuye a reducir la huella de carbono de los edificios, al actuar como almacén natural de CO₂ y requerir menos energía en su transformación que otros materiales estructurales. No obstante, el informe advierte de que estas ventajas solo se materializan cuando existe un alto nivel de especialización. La madera no admite improvisaciones. Uno de los principales riesgos identificados no es el fuego, como suele pensar la opinión pública, sino la humedad. Los contenidos de agua superiores al 18% o al 22% pueden favorecer la aparición de hongos y de insectos xilófagos, deteriorando progresivamente el material y reduciendo su resistencia. Filtraciones mal resueltas, condensaciones persistentes o una ventilación inadecuada pueden pasar desapercibidas durante los primeros años de uso y convertirse en un problema estructural a medio y largo plazo. Por este motivo, el documento insiste en la necesidad de integrar estrategias de control higrotérmico desde la fase de diseño, prestando especial atención a los encuentros entre materiales, a las envolventes y a los sistemas de evacuación de humedad. «El detalle constructivo es clave», subraya Parras. «Un pequeño error en proyecto o ejecución puede tener consecuencias importantes si no se detecta a tiempo». En este sentido, el control técnico independiente se presenta como una herramienta fundamental para garantizar la calidad del proceso. El comportamiento frente al fuego es otro de los aspectos analizados con detenimiento. En un contexto marcado por la futura actualización del Código Técnico de la Edificación, que prevé endurecer los requisitos de protección contra incendios, la madera vuelve a situarse en el centro del debate. Frente a la creencia de que se trata de un material especialmente vulnerable, el informe recuerda que su respuesta al fuego es conocida, predecible y calculable. Cuando la madera estructural entra en combustión, se carboniza en su superficie, generando una capa que protege el núcleo resistente y ralentiza el avance del fuego. Este fenómeno permite diseñar estructuras capaces de mantener su estabilidad durante el tiempo necesario para la evacuación y la intervención de los servicios de emergencia. La clave, según los expertos, está en analizar el sistema constructivo en su conjunto: fachadas, revestimientos, sectorización, protección pasiva y sistemas activos. «No se puede juzgar un edificio por un único material», explica el coordinador del grupo. «Lo importante es cómo interactúan todos los elementos y cómo se justifican técnicamente». Desde este enfoque, la madera no presenta desventajas estructurales frente a otros sistemas cuando está correctamente diseñada. Más allá de la estructura, el informe aborda otros factores que influyen directamente en la percepción y en el confort de los usuarios. El comportamiento acústico, especialmente en bajas frecuencias, exige soluciones específicas en forjados y cerramientos. La estética de la madera vista requiere un mantenimiento adecuado para evitar degradaciones visuales. Y el diseño estructural demanda una precisión elevada en los cálculos y en la ejecución. El documento recuerda, además, que el Código Técnico establece las mismas exigencias prestacionales para todos los materiales. La diferencia no está en la normativa, sino en el nivel de preparación de los profesionales que trabajan con cada sistema. En el caso de la madera, la formación continua y la especialización resultan imprescindibles. El informe ha sido elaborado por un grupo multidisciplinar en el que participan entidades como Ingeniería Valladares, ASEFA, Cesefor, Bureau Veritas y SGS, con el apoyo de la Axencia Galega da Industria Forestal. Esta colaboración refleja la necesidad de una visión global que integre ingeniería, control, aseguramiento y gestión forestal. La conclusión final del estudio es contundente: la consolidación de la madera como sistema constructivo pasa por tres pilares fundamentales. En primer lugar, una formación técnica sólida de todos los agentes implicados. En segundo lugar, un control independiente que garantice el cumplimiento de los estándares. Y, en tercer lugar, una visión integral del edificio que tenga en cuenta su comportamiento durante toda su vida útil. En un contexto marcado por la transición ecológica, la digitalización y la industrialización del sector, la madera se perfila como una pieza estratégica del futuro de la edificación. No como una solución universal, sino como una alternativa viable, eficiente y sostenible cuando se utiliza con rigor. Lejos de ser un material del pasado, la madera se presenta hoy como una apuesta tecnológica que, bien gestionada, puede transformar la manera de construir en España.