Se ha visto durante los Juegos. En el esquí de montaña es tan importante entrenar las transiciones como el propio cuerpo. Si en la prueba femenina individual Anita Alonso se benefició de un error de la francesa Margot Ravinel al quitar las pieles sintéticas de sus esquís para atrapar la tercera posición y asegurar la medalla de bronce, en el relevo mixto fue un fallo de la andaluza la que estuvo a punto de costarle el segundo metal compartido con Oriol Cardona . Fue en la última posta. Alonso llegaba tercera, pero con la estadounidense Anne Gibson y la italiana Alba de Silvestro pisándole los talones. Aceleró tanto que se pasó la zona reservada para volver a colocar las pieles en las tablas y realizar el pequeño tramo a pie para realizar el relevo con su compañero. No se dio ni cuenta. «Al poner el pie he pasado la línea. Son cosas que pasan, se llega con mucha velocidad y no lo he visto bien», admitía después Alonso , que entre el fallo y los nervios acabó entregando en quinta posición. Cuando le advirtieron de la tarjeta amarilla se le vino el mundo encima y se tumbo sobre la nieve desconsolada. Cardona sí fue consciente de inmediato del error. Trató de avisar a su compañera pero no hubo manera. Sabía que serían penalizados al acabar. El campeón individual sumó otra doble ración de nervios a los habituales. Ya no bastaba con hacer un recorrido perfecto. Había que lograr, además, una ventaja suficiente con todos los rivales que venían por detrás. «No sabía de cuánto sería la penalización, pensaba que sería mucho más. He salido a intentar darlo todo e intentar meternos en el podio aunque fuera por poco. Sabía que, fuera lo que fuera, habría un tiempo extra». Cardona tardó apenas unos pocos segundos en superar a sus rivales estadounidense e italiano en la primera zona de pateo y recuperar la posición de podio. La plata ya estaba lejos; el oro, imposible. Pero el de Bañolas no quiso dejarse ni un gramo de esfuerzo por lo que pudiera pasar. Me exprimí al máximo y ya en la segunda subida iba muerto«, reconocía más tarde. Se desgastó tanto que no pudo evitar derrumbarse sobre la nieve nada más cruzar la línea de meta. Inició la última ronda cuatro segundos por detrás del americano, y acabó aventajándolo en 18. Alonso corrió hacía a él y se fundieron en un abrazo que es ya uno de las imágenes de estos Juegos en la delegación española. Después, se dirigieron juntos a la zona de equipos a esperar la decisión de los jueces. El resto de equipos tenían cinco minutos a partir de la publicación de la clasificación provisional para presentar una reclamación. No la hubo. Fue Alonso la primera en darse cuenta de que solo les habían caído tres segundos y que, por tanto, el bronce estaba asegurado. «¡Ahí pone tres segundos, que sí, que tres segundos sólo!», gritó dando saltos mientras Cardona, con la mirada aún perdida, se echaba las manos a la cara antes de romper a llorar. «Es que han sido muchas emociones», se justificaba el catalán. «Al final la penalización ha sido de poco, nos hemos subido al podio y los suizos no nos han quedado demasiado lejos. A gozar de esta tercera plaza».