'El huracán Miranda golpea la mesa del toreo y arrasa con cuatro orejas y rabo', titulábamos la crónica del pasado 30 de agosto en el coso de Santa Margarita. «Un pleno del hombre en el que se fusionaban la actitud de quien sueña en figura y ese valor sin titubeos, imprescindible para serlo. Como ya apuntamos en Almería, el de Trigueros lo ve claro y, además, quieren verlo. Aún resuena por las calles de Linares el clamor de los tendidos: ¡torero, torero! Miranda se plantó ante su buen lote de Juan Pedro Domecq –qué corrida más noble lidió, con un sexto extraordinario– con una clara decisión: reclamar en un escenario de leyenda un sitio en la historia. En el 150...
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