Lo que la Semana de la Moda de Londres confirma para el otoño-invierno 2026 en 6 tendencias
Este año las tendencias otoño-invierno en la capital británica han estado acompañadas de una velada muy especial y es que, mientras el domingo 22 de febrero tenía lugar el día grande de la edición con shows como: Erdem, Simone Rocha o Richard Quinn; en el Royal Albert Hall se tendía la alfombra roja más esperada de la temporada de premios en suelo inglés: los BAFTA 2026. Sí, ha sido un fin de semana de lo más ecléctico en Londres, pero tranquila, nosotras hemos puesto los ojos en todas partes para traerte las tendencias que te inspirarán de cara al próximo invierno.
Sabemos las ganas que tienes de primavera, pero eso no significa que no puedas empezar con tu carpeta de inspiración invernal en clave british, ¿verdad? Pues bien, las grandes casas británicas han hablado y, entre crinolinas románticas, sastrería con memoria histórica y guiños deportivos reinterpretados, ya tenemos claro qué llevaremos a partir de septiembre. Estas son las seis tendencias que hemos rescatado de las pasarelas de Londres y que, te adelantamos, tienen mucho más recorrido del que imaginas.
Vestidos joya en blanco y negro (y rojo pasión)
Si hay alguien que no negocia con el dramatismo elegante, es Richard Quinn. Su desfile volvió a ser una procesión de vestidos de gala hiperestructurados que reivindican el ultraformal como territorio propio.
Para otoño-invierno 2026, toma nota: siluetas años 50 y 80, corsés marcados, faldas con volumen y una paleta que arranca en blanco y negro para estallar en rojo, fucsia y pasteles empolvados. Vestidos pensados para bodas, galas y grandes eventos que funcionan como auténticas piezas heredables.
Flores tridimensionales y broches joya
Las flores siguen siendo el lenguaje de Quinn, pero esta temporada se materializan en broches de pedrería, guirnaldas de rosas y nomeolvides abrazando crinolinas, y aplicaciones que transforman un vestido en objeto de colección.
El mensaje es claro: el detalle ornamental vuelve con fuerza. Los broches joya —sí, los que llevaban nuestras abuelas— regresan como accesorio estrella sobre abrigos, vestidos negros y chaquetas estructuradas.
Romanticismo ecuestre
En el universo de Simone Rocha, la inspiración partía del imaginario ecuestre irlandés y de la mitología celta. El resultado: vestidos etéreos en blanco marfil, volúmenes con aires de cuento y una puesta en escena casi mística.
Para el próximo invierno veremos vestidos con estructura ligera, capas superpuestas y referencias a principios del siglo XX: mangas abullonadas, hombros ligeramente marcados y tejidos que evocan otra época sin caer en el disfraz.
Sportswear intervenido con lazo y encaje
La gran sorpresa fue la integración del universo deportivo en clave romántica. Track jackets entalladas con capas de encaje, pantalones con volantes frontales y chaquetas MA1 reinterpretadas con capuchas de pelo desmontables.
El sporty deja de ser minimalista para volverse narrativo. La mezcla de tres rayas con lazos, rosetas y tafetanes abre una nueva vía: el athleisure elevado, pensado para combinar con botas altas o bailarinas y no solo con zapatillas.
Brocados históricos y collage victoriano
Celebrando sus 20 años de trayectoria, Erdem Moralioglu convirtió su desfile en un diálogo entre épocas. Brocados, satén, encaje, plumas y cintas convivían en un collage de referencias que miraba a la aristocracia británica y a la estética victoriana.
La tendencia que se impone: tejidos ricos, mezclas inesperadas y ese aire ligeramente “hecho a mano” que aporta personalidad. Las prendas parecen construidas a partir de recuerdos textiles, con bordados y aplicaciones que cuentan una historia.
Sastrería velada y denim reinterpretado
Entre tanta fantasía, también hubo espacio para la realidad contemporánea. Trajes con velo sutil, jeans combinados con halternecks recortados y vestidos lenceros con crinolinas interiores que aportan volumen flotante.
La sastrería del próximo invierno no será rígida, sino híbrida: mezcla de tradición y deconstructivismo suave. Americana estructurada con detalles inesperados, denim elevado y piezas que parecen heredadas pero reinterpretadas con mirada actual.
Quizá la conclusión más clara de la Semana de la Moda de Londres es que vuelve la idea de vestirse para algo. Vestidos pensados para bodas, galas, aniversarios; trajes diseñados para ceremonias; prendas concebidas para pasar de generación en generación.
En una era dominada por la inmediatez, las casas británicas apuestan por la permanencia. Y aunque ahora tengamos la cabeza en gabardinas ligeras y vestidos primaverales, todo apunta a que en septiembre abrazaremos un invierno más romántico, más estructurado y con un punto ceremonial que, francamente, ya echábamos de menos.